La nueva camiseta de la selección española, con la segunda estrella conquistada en el último Mundial, sale a la venta el 4 de agosto con una demanda que ya ha desbordado los canales oficiales. La página web de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) advierte de que la elástica roja no estará disponible hasta el 15 de agosto y que los pedidos personalizados podrían tardar hasta dos semanas, frente a los habituales cinco o siete días.
El fenómeno puede traducirse en millones de ventas. Según estimaciones de Sponso, España podría pasar de 2,5 millones de camisetas vendidas antes del torneo a entre cuatro y cinco millones durante el próximo año, con una facturación de 500 a 750 millones de euros. El éxito también elevaría el valor comercial de la selección y reforzaría la proyección internacional de la Marca España.

Una estrella sobre otra
Frente a esta lógica de consumo, la consultora de moda sostenible Gema Gómez propone bordar la segunda estrella en las camisetas que los aficionados ya tienen. No plantea impedir la compra de la nueva equipación, sino incorporar una alternativa que prolongue la vida útil de una prenda cuya calidad, función y estado no han cambiado: únicamente ha cambiado su significado.
La propuesta aplica la jerarquía europea de residuos, que prioriza la prevención, la reutilización y la reparación antes que el reciclaje. En un sector que genera millones de toneladas de residuos textiles y exporta una parte relevante de ellos, fabricar una camiseta nueva para cada celebración aumenta el uso de materias primas, agua, energía, transporte y emisiones.
La moda es ya el cuarto ámbito de mayor impacto ambiental y climático en Europa, además del tercero en consumo de agua y suelo. Un gran acontecimiento deportivo multiplica esa presión porque convierte una emoción colectiva en una oleada simultánea de compras. La cuestión, por tanto, no es solo cuántas camisetas puede vender la selección, sino cuántas necesita realmente una sociedad para celebrar su victoria.
