La autorización municipal para rehabilitar la Torre de Marathón y conectarla con el estadio Abanca Riazor llega en un momento en que el Deportivo necesita actualizar sus instalaciones para cumplir con las exigencias actuales del fútbol profesional. El presupuesto de 200.658,25 euros y el plazo de doce meses para ejecutar las obras reflejan un acuerdo entre el club y el Concello de A Coruña que va más allá de una simple reparación estructural.
Orígenes del complejo deportivo y su relación con la ciudad
El estadio Riazor se inauguró en 1944 y desde entonces ha formado parte del tejido urbano de A Coruña. La Torre de Marathón, construida en las mismas décadas, funcionó inicialmente como elemento de control y señalización. Con el paso del tiempo, ambos elementos quedaron integrados en un entorno que incluye el Palacio de los Deportes y las instalaciones de la ciudad deportiva. Las necesidades de mantenimiento se acumularon porque las inversiones anteriores se centraron principalmente en el césped y en mejoras puntuales de seguridad.
Durante los años noventa y principios del siglo XXI, el Deportivo alcanzó sus mayores logros deportivos. Sin embargo, las infraestructuras no recibieron actualizaciones proporcionales a ese éxito. Clubes de tamaño similar en otras ciudades españolas, como el Málaga o el Real Betis en etapas anteriores, vivieron procesos parecidos: el crecimiento deportivo superó la capacidad de las instalaciones y obligó a renegociar con las administraciones locales el reparto de responsabilidades.
El acuerdo actual y sus antecedentes inmediatos
La licencia concedida por la junta de gobierno local establece un plazo de seis meses para iniciar los trabajos y doce meses para completarlos desde la notificación. Este marco temporal coincide con la voluntad expresada por la alcaldesa Inés Rey de colaborar en proyectos que beneficien tanto al club como a la ciudad. El acuerdo incluye también la modernización conjunta de toda la ciudad deportiva, lo que indica que la intervención en la Torre de Marathón forma parte de un plan más amplio.

La decisión se produce después de varios años en los que el club ha alternado entre categorías y ha debido ajustar su presupuesto. La colaboración municipal permite liberar recursos propios del Deportivo para otras áreas, como el equipo profesional y la cantera. Este modelo de cooperación público-privada ya se ha aplicado en ciudades como Vigo o Gijón, donde los ayuntamientos han aportado licencias rápidas y apoyo técnico a cambio de mejoras que benefician al tejido urbano.
Impactos en la experiencia del aficionado y la economía local
La rehabilitación de la Torre de Marathón permitirá mejorar los accesos y la conectividad entre las distintas zonas del estadio. Los aficionados que acuden a los partidos notarán cambios en la circulación interna y en la percepción de seguridad. Estudios realizados en estadios renovados de LaLiga, como el de San Mamés en Bilbao, demuestran que mejoras en accesibilidad incrementan la asistencia media entre un 8 y un 12 por ciento en las temporadas posteriores.
Desde el punto de vista económico, las obras generarán actividad para empresas locales de construcción y servicios técnicos durante al menos un año. Además, una vez finalizadas, el estadio podrá acoger eventos complementarios, como conciertos o torneos juveniles, que antes resultaban complicados por limitaciones técnicas. La ciudad de A Coruña podría beneficiarse de un incremento en el turismo deportivo, similar al observado en otras capitales gallegas tras intervenciones similares.
Repercusiones a largo plazo para las infraestructuras deportivas
La modernización de la Torre de Marathón forma parte de una tendencia más amplia en el fútbol español: la necesidad de adaptar estadios construidos hace décadas a los estándares actuales de sostenibilidad, accesibilidad y tecnología. Los clubes que han retrasado estas inversiones han sufrido limitaciones en la organización de eventos y en la captación de patrocinadores que exigen instalaciones de primer nivel.
En el caso del Deportivo, el acuerdo con el Concello establece un precedente para futuras colaboraciones. Si el proyecto se ejecuta dentro de los plazos previstos y con la calidad esperada, podría servir de modelo para otras entidades que comparten estadio con administraciones locales. El riesgo principal radica en posibles retrasos por trámites adicionales o por hallazgos durante las obras, algo que ya ocurrió en la renovación del estadio de El Molinón en Gijón.
La implicación municipal también refuerza la idea de que el Riazor y su entorno constituyen un activo urbano que trasciende el uso deportivo. La mejora de las instalaciones puede contribuir a dinamizar el barrio de la plaza de Pontevedra y zonas adyacentes, atrayendo inversión privada en hostelería y comercio. Este efecto se ha documentado en ciudades como Valencia tras la remodelación del Mestalla y su área inmediata.
El plazo de un año para ejecutar las obras obliga a una planificación rigurosa que minimice molestias a los vecinos y a los usuarios habituales del estadio. La experiencia de otros proyectos similares indica que una comunicación constante entre el club, el ayuntamiento y los colectivos de aficionados reduce significativamente las quejas y facilita la aceptación social de las intervenciones.
En definitiva, la rehabilitación de la Torre de Marathón representa una oportunidad para que el Deportivo y la ciudad avancen juntos en la actualización de unas instalaciones que llevan décadas sin cambios estructurales significativos. El éxito dependerá de la coordinación entre las partes y de la capacidad de mantener el ritmo de ejecución sin comprometer la calidad final.
