La UEFA aplicará en la Champions un criterio más estricto contra las interrupciones evitables y ampliará, de forma limitada, las situaciones en las que puede intervenir el VAR. El objetivo es doble: reducir pérdidas de tiempo y corregir errores manifiestos sin convertir cada jugada en una revisión prolongada.
Ritmo de juego y sanciones claras
Los sustituidos deberán abandonar el campo en un máximo de diez segundos; si no lo hacen, el relevo esperará a la siguiente interrupción tras un minuto de juego. Los futbolistas atendidos también tendrán que permanecer un minuto fuera, salvo excepciones vinculadas a porteros, lesiones simultáneas, tarjetas al infractor o lanzamientos de penalti. Además, retrasar un saque de banda o de puerta podrá acabar en córner para el rival, tras una cuenta atrás arbitral de cinco segundos.

La UEFA también fija una consecuencia relevante para los balones puestos en juego dentro del área propia. Si un compañero del portero toca deliberadamente el balón con la mano tras ese saque, se señalará penalti. La medida corrige interpretaciones como la protagonizada por Musso y Pubill ante el Barcelona, cuando se ordenó repetir la acción al considerar que el balón no estaba en juego.
Un VAR más preciso, no más invasivo
El vídeo arbitraje podrá corregir confusiones de identidad, segundas amarillas mostradas de forma claramente errónea y faltas ofensivas previas a un gol, penalti o sanción en saques de esquina y tiros libres. También podrá intervenir ante córners concedidos incorrectamente, pero solo en casos evidentes que no retrasen la reanudación; un saque de puerta equivocado no podrá transformarse en córner.
La novedad más simbólica afecta a los jugadores que se cubren la boca al hablar: no recibirán roja automáticamente, aunque el árbitro podrá amonestarles por conducta antideportiva y la UEFA podrá abrir actuaciones disciplinarias. Tampoco habrá expulsión directa por abandonar el campo como protesta. Sin embargo, si un equipo provoca la suspensión al quedarse con menos de siete jugadores, perderá el partido. El mensaje es inequívoco: menos automatismos punitivos, pero mayor responsabilidad sobre la continuidad del juego.
