Universidad de Chile derrotó 4-2 a Coquimbo Unido en el Estadio Nacional y encontró una respuesta clave en Juan Martín Lucero. El delantero argentino, cuestionado por su baja producción, sus lesiones y su elevado salario dentro del plantel, ingresó entre pifias tras reemplazar a Charles Aránguiz, pero cambió el clima con dos goles sobre el final.
La remontada tuvo un valor que excede el resultado. La U necesitaba recuperar autoridad como local y volver a acercarse a los puestos que exige su dimensión deportiva. Lucero no resolvió con su doblete todas las dudas acumuladas durante la temporada, pero sí entregó una señal competitiva en una noche donde el equipo respondió bajo presión.

Autocrítica sin confrontación
Lejos de polemizar con la hinchada, Lucero asumió el descontento. “Entiendo el enojo de la gente, estamos en un club muy grande y tenemos que estar más arriba”, afirmó tras el encuentro. Su mensaje apuntó a una realidad incómoda: las expectativas sobre el equipo y sobre su principal referencia ofensiva siguen siendo superiores a lo mostrado en buena parte del año.
El atacante destacó que ganar en casa era prioritario y remarcó que el plantel debe sostener la entrega. La cautela resulta pertinente: un doblete puede modificar la confianza, pero la validación definitiva dependerá de su continuidad física y de que transforme esta actuación en una racha, no en un episodio aislado.
El regreso de Rivero fortalece la ofensiva
La jornada también dejó el retorno goleador de Octavio Rivero, quien volvió a jugar después de más de 200 días sin fútbol y convirtió un penal en los descuentos. Lucero valoró además que Eduardo Vargas le cediera el lanzamiento, un gesto que expuso una búsqueda de cohesión en un plantel que necesita recuperar alternativas y competencia interna.
Para Universidad de Chile, la noche fue una inyección de confianza; para Lucero, una oportunidad de reiniciar su relación con la tribuna. El desafío inmediato será sostener el rendimiento: la victoria alivió la tensión, pero la exigencia del Nacional no desaparece con un solo partido.
