La UEFA comunicó formalmente a la FIFA que estudia emprender acciones legales contra el proyecto de crear FIFA Forward Enterprise (FFE), una filial concebida para gestionar la explotación comercial de las principales competiciones del organismo, incluido el Mundial. La advertencia, dirigida al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, exige además preservar toda la documentación relacionada con la iniciativa, pese a que la federación internacional anunció que abandonaba el plan apenas tres días después de presentarlo públicamente.
El documento, al que tuvo acceso la agencia EFE y fechado el 31 de julio, señala que la UEFA analiza dos vías posibles: presentar una denuncia ante autoridades reguladoras o iniciar procedimientos de arbitraje. La confederación europea considera que la propuesta puede entrar en conflicto con las normas de gobernanza del fútbol y con los intereses de sus asociaciones miembro, clubes y otros participantes del sistema.
Una advertencia que mantiene abierto el conflicto
La comunicación reclama a Infantino y a la FIFA que adopten medidas inmediatas para conservar los archivos vinculados con FFE. La solicitud abarca documentos físicos y electrónicos que estén bajo control del organismo, así como comunicaciones internas y externas relacionadas con la iniciativa. También pide suspender cualquier proceso de destrucción de material y advierte de posibles consecuencias si no se preservan los registros pertinentes.
Entre los documentos que la UEFA quiere mantener figuran el plan de creación de la filial, las comunicaciones sobre su estructura y el mecanismo previsto para distribuir los pagos a las asociaciones nacionales. La petición incluye igualmente la documentación sobre el plazo de aceptación, fijado inicialmente para el 19 de septiembre, y los intercambios mantenidos con integrantes del Consejo de la FIFA.

La UEFA también menciona archivos que podrían encontrarse en poder de alrededor de diez empleados de la FIFA, entre ellos su director de operaciones, Kevin Lamour. El ejecutivo afirmó el 31 de julio que la administración de la organización había sido inducida a respaldar una iniciativa que, según su valoración, procedía esencialmente de una sola persona. Lamour sostuvo que el proyecto no debía continuar, una posición que refleja la existencia de desacuerdos internos además de la oposición externa.
El rechazo que precipitó la retirada
La FIFA presentó oficialmente el proyecto el 28 de julio, pero la reacción de las confederaciones y de varias asociaciones nacionales fue inmediata. La UEFA fue la primera en expresar un rechazo total y posteriormente aseguró que las 55 federaciones europeas se opondrían de forma unánime a participar en competiciones de la FIFA si la propuesta seguía adelante.
La oposición europea se sumó a la de otras regiones, entre ellas Asia y la CONCACAF. La coincidencia entre varias confederaciones resultó decisiva para debilitar el proyecto, ya que su funcionamiento habría requerido la participación y el respaldo de las asociaciones miembro. El 31 de julio, solo tres días después del anuncio, Infantino comunicó que la FIFA desistía de la iniciativa.
“Ha creado divisiones de tal naturaleza que, independientemente del nivel de apoyo, ya no redundan en beneficio del objetivo planteado inicialmente”, afirmó el presidente de la FIFA al anunciar el paso atrás. La declaración no equivale, sin embargo, a un cierre definitivo de la disputa. La solicitud de conservación de documentos indica que la UEFA quiere mantener abiertas sus opciones legales y reunir elementos para evaluar el alcance institucional y económico del plan.
La estructura financiera de FIFA Forward Enterprise
La propuesta contemplaba vender un 20 % de FFE a inversores privados. La filial habría concentrado las operaciones comerciales y la organización de eventos de la FIFA, incluido el Mundial. El diseño preveía captar inicialmente hasta 4.200 millones de dólares, con una valoración estimada de 20.000 millones, mediante participaciones minoritarias de inversores considerados de largo plazo.
La FIFA rechazó que el Mundial estuviera “en venta” y defendió que la operación solo se pondría en marcha si la aprobaba la mayoría de sus 211 asociaciones. Según la explicación ofrecida por el organismo, los recursos obtenidos se distribuirían mediante el programa FIFA Forward, destinado al desarrollo de las federaciones nacionales.
El plan proyectaba elevar de ocho a 20 millones de dólares la asignación por federación durante el ciclo 2027-2030, frente a los ocho millones previstos para 2023-2026. También contemplaba crear FIFA Fast Forward, una opción que permitiría acceder a otros 20 millones por asociación entre 2027 y 2030. Para los ciclos posteriores, la partida de FIFA Forward aumentaría a 22 millones entre 2031 y 2034 y a 24 millones entre 2035 y 2038. Sumados ambos programas, cada federación podría recibir hasta 86 millones de dólares en doce años.
Financiación, gobernanza y próximos pasos
Thrive Eternal, una sociedad de cartera de capital permanente entre cuyos fundadores figura un cuñado de la hija de Donald Trump, estaba llamada a encabezar el grupo de inversores. J.P. Morgan también habría participado en el proceso. La presencia de capital privado y la magnitud de los ingresos proyectados fueron precisamente algunos de los elementos que elevaron la sensibilidad política del proyecto.
El debate no se limita al volumen de financiación. Para la UEFA, el punto central es si una entidad deportiva internacional puede trasladar a una filial parcialmente privada el control de activos comerciales estratégicos sin alterar el equilibrio entre la FIFA, las confederaciones y las asociaciones nacionales. La confederación europea sostiene que la iniciativa es incompatible con una buena gobernanza del fútbol y considera razonable acudir a instancias reguladoras o arbitrales ante la oposición de otras partes interesadas.
La retirada de la FIFA reduce, por ahora, la posibilidad de que FFE entre en funcionamiento, pero no elimina las preguntas sobre su elaboración, las consultas realizadas ni las responsabilidades asociadas a la propuesta. La conservación de los documentos solicitada por la UEFA podría convertirse en el siguiente frente del conflicto: permitirá determinar cómo se diseñó el proyecto, quién participó en su promoción y hasta qué punto existió respaldo institucional antes de que la FIFA decidiera archivarlo.
