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La derrota ante España divide a la sociedad argentina

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El 60,9% de los argentinos considera creíbles, en alguna medida, las teorías conspirativas surgidas después de la derrota de la Selección ante España en la final del Mundial 2026. El dato surge de una encuesta nacional realizada por Reale Dalla Torre Consultores, que consultó a 1.162 personas entre el 24 y el 28 de julio, semanas después del partido que terminó 1-0 a favor del conjunto español.

El resultado muestra que la controversia excedió el análisis estrictamente deportivo. Tras la final comenzaron a difundirse en redes sociales versiones sobre supuestas presiones de la FIFA, amenazas contra jugadores y un eventual arreglo del encuentro. El relevamiento no comprobó esas acusaciones, sino que midió el grado de credibilidad que les asignan los encuestados y la manera en que la sociedad procesó la derrota.

Una percepción extendida después de la final

Del total de entrevistados, el 32,1% afirmó que las versiones le generan “mucha” credibilidad, mientras que el 28,8% respondió que le generan “bastante”. En conjunto, ambos grupos reúnen a seis de cada diez consultados que conceden algún nivel de plausibilidad a la idea de que la caída argentina “no fue solo deportiva”.

En el extremo opuesto, el 15% consideró que esas teorías tienen poca credibilidad y otro 15% las descartó por completo. Para este último grupo, la derrota se explicó exclusivamente por lo ocurrido dentro del campo de juego. El porcentaje restante corresponde a quienes no expresaron una posición definida, según la distribución presentada por la consultora.

La encuesta fue realizada con un nivel de confianza del 95% y un margen de error del 4%. Esos parámetros permiten interpretar los resultados como una fotografía de la opinión pública durante el período analizado, aunque no equivalen a una verificación de los hechos denunciados en redes sociales. La diferencia es relevante: creer en una acusación y contar con pruebas que la respalden son fenómenos distintos.

La desconfianza no se concentra en un solo grupo

El análisis de Reale Dalla Torre Consultores señala que la adhesión a estas interpretaciones atraviesa distintos sectores sociales. La consultora no observó una relación directa y determinante con la pertenencia política, la edad o el nivel educativo, lo que sugiere que el fenómeno no queda restringido a una corriente ideológica ni a una franja generacional específica.

Entre los mayores de edad, la credibilidad de las versiones alcanzó el 55,2%, mientras que entre las personas con mayor nivel educativo llegó al 64,7%. La diferencia no permite afirmar que la educación produzca una mayor aceptación de las teorías, pero sí indica que la sospecha también aparece en segmentos que suelen asociarse con un mayor acceso a información y herramientas de análisis.

La amplitud de las respuestas puede vincularse con la carga simbólica que tuvo la final. La Selección argentina llegaba al partido como uno de los principales focos de expectativa nacional, y el resultado fue interpretado por una parte de la población no solo como una derrota, sino como un desenlace difícil de aceptar. En ese contexto, las explicaciones externas pueden funcionar como una forma de atribuir responsabilidades y preservar la imagen del equipo.

Racismo, FIFA y el origen de la hostilidad

El estudio también indagó sobre las acusaciones de racismo y supuesto favoritismo de la FIFA contra la Argentina. El 46,3% sostuvo que la hostilidad proviene de quienes “nunca nos quisieron”, una respuesta asociada a rivalidades y resentimientos históricos. La opción concentra casi la mitad de las respuestas y refleja una lectura basada en conflictos acumulados más que en un hecho puntual de la final.

Otro 15,7% atribuyó esas actitudes al progresismo internacional identificado como “woke”. Un 5,4% señaló como origen a países y comunidades musulmanas, en relación con el alineamiento de la Argentina con Israel. Esta última interpretación aparece como una posición minoritaria dentro del relevamiento y se formula en el marco de percepciones sobre política internacional, no de pruebas presentadas sobre el desarrollo del partido.

Por otro lado, el 8,9% consideró que no existe una campaña organizada contra el país y que las críticas, al menos parcialmente, fueron provocadas por comportamientos argentinos. El 23,6% dijo no saber cuál es el origen de las acusaciones. La presencia de una proporción significativa de indecisos muestra que, aunque la narrativa de la persecución tiene una amplia circulación, no existe una explicación compartida por toda la sociedad.

Scaloni y Messi conservan el respaldo

La percepción sobre la derrota no se trasladó de manera uniforme a los principales referentes de la Selección. El entrenador Lionel Scaloni obtuvo un 81,8% de confianza y el capitán Lionel Messi alcanzó el 81,5%. Ambos porcentajes evidencian que la discusión sobre las circunstancias de la final convive con un respaldo sólido a las figuras deportivas que encabezan el proyecto del equipo.

La valoración fue muy diferente en el caso de Claudio “Chiqui” Tapia, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino. El dirigente registró apenas un 16,8% de confianza, frente a un 61,4% de desconfianza. La brecha podría expresar una separación entre la identificación emocional con los jugadores y el entrenador, por un lado, y la evaluación de la conducción institucional, por otro.

El fútbol como referencia para la política

La encuesta preguntó además qué valores de la Selección deberían trasladarse a la política argentina. El 24,8% eligió “unir en vez de dividir”; el 17,7% mencionó el “esfuerzo y mérito”; otro 17,7% optó por el “trabajo en equipo”, y el 12,6% destacó el “orgullo y esperanza”. Las respuestas muestran que el equipo funciona para muchos consultados como una referencia de cohesión en un escenario político caracterizado por fuertes enfrentamientos.

La posibilidad de que Scaloni lleve su liderazgo del fútbol a la política también generó opiniones divididas. El 41,7% consideró que podría hacerlo con éxito, mientras que el 32% sostuvo que fracasaría porque esa capacidad pertenece específicamente al ámbito deportivo. El dato revela interés por trasladar la legitimidad de los referentes de la Selección a otros espacios, aunque también una cautela sobre los límites de comparar la conducción de un equipo con la gestión del Estado.

En conjunto, el relevamiento describe una sociedad que mantiene una alta confianza en Messi y Scaloni, pero que procesa la derrota mundialista mediante relatos de injusticia, rivalidad y desconfianza institucional. Las cifras no validan las teorías difundidas tras la final, pero sí muestran hasta qué punto el resultado alteró la percepción pública del acontecimiento y convirtió un partido de fútbol en una discusión más amplia sobre identidad, poder y representación nacional.

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