La decimotercera etapa de la Vuelta a España abre este viernes el paso de la carrera por Granada con una jornada de 193 kilómetros entre Almuñécar y Loja. El recorrido combina calor, distancia y tres puertos, una suma que reduce las opciones de una llegada convencional al esprint y eleva el valor táctico de la escapada.
Un final lejos de la última cima
La ruta incluye la Venta de la Cebada, de primera categoría, el Alto del Legionario y el Puerto de Granada, ambos de segunda. La última ascensión se corona a 40 kilómetros de meta, una distancia suficiente para que los corredores más fuertes intenten abrir diferencias, pero también para que un grupo organizado pueda neutralizar ataques antes de Loja.

El calor previsto añade un factor de desgaste en una etapa ya larga. La clave no estará solo en la dureza de los puertos, sino en la capacidad de los equipos para controlar el gasto físico durante una jornada que puede castigar a quienes lleguen mal colocados al tramo decisivo. La montaña final no parece diseñada para grandes diferencias entre favoritos, aunque sí puede seleccionar el pelotón y dejar fuera a velocistas puros.
Visma busca mantener abierta la opción rápida
Visma tratará de conservar una alternativa de llegada masiva, con Brennan y Wout van Aert como posibles referencias. Van Aert encaja mejor en un perfil quebrado, pero para que tenga opciones será necesario limitar la ventaja de la fuga y reunir efectivos tras el Puerto de Granada. Ese doble objetivo puede condicionar el ritmo de carrera desde temprano.
Almuñécar, localidad de Carlos Rodríguez, recibirá una salida con especial atención sobre el corredor del Ineos. La etapa es además un primer contacto de la Vuelta con Granada antes del bucle andaluz de la recta final, que recorrerá las ocho provincias de la comunidad. El desenlace en Loja servirá para medir qué equipos conservan control y qué corredores están dispuestos a convertir un día de transición aparente en una oportunidad real.
