La FIFA aún no ha abonado la compensación prometida a las once ciudades estadounidenses que albergaron partidos del Mundial disputado en Estados Unidos, México y Canadá. Según The Athletic, cada municipio debía recibir un millón de euros por los costes asociados a la organización, pero han pasado dos semanas desde la final y los pagos siguen pendientes.
Las autoridades locales aseguran que han reclamado el dinero desde que España derrotó a Argentina en el partido decisivo, sin obtener una explicación oficial sobre el retraso. La falta de respuesta añade presión a una organización que, por el tamaño y la rentabilidad del torneo, difícilmente puede justificar la demora por motivos financieros.

Un pago pequeño con un coste político elevado
La suma total, de 11 millones de euros, representa una cantidad marginal frente a los 13.000 millones de ingresos que la FIFA esperaba generar durante el ciclo 2023-2026. Precisamente por eso, el retraso traslada el problema del terreno económico al institucional: las sedes perciben una falta de previsión y de respeto hacia quienes asumieron buena parte de la carga operativa del campeonato.
El episodio agrava el desgaste de Gianni Infantino, ya cuestionado por su propuesta fallida de privatizar parte del Mundial y por la pérdida de apoyos internacionales. Gales y Serbia han anunciado que ya no respaldan su continuidad, mientras Inglaterra estudia adoptar la misma posición. Con las elecciones presidenciales previstas para el 18 de marzo, cada conflicto pendiente puede influir en una reelección que el dirigente afronta con un respaldo menos sólido.
Más que el importe, el caso expone una brecha entre la capacidad financiera de la FIFA y su gestión de los compromisos con las ciudades anfitrionas. Si el organismo no resuelve pronto los pagos y ofrece una explicación convincente, una incidencia administrativa menor puede convertirse en otro argumento contra la gestión de Infantino.
