El LIV Golf prepara una reestructuración profunda para intentar continuar su actividad en 2027, después de perder el respaldo estratégico del Fondo Público de Inversión de Arabia Saudí (PIF). Scott O’Neil, director ejecutivo de la liga, comunicó la existencia de un inversor dispuesto a aportar 250 millones de dólares, aunque su identidad no se conocerá hasta septiembre, según un documento al que tuvo acceso Golf.com.
La propuesta contempla una competición reducida a diez torneos: cinco en Estados Unidos y otros cinco en distintos países, programados alrededor de los grandes campeonatos del calendario internacional. El nuevo formato supondría una transformación sustancial respecto a la estructura que el LIV mantuvo durante sus primeras temporadas, marcada por importantes desembolsos, contratos garantizados y premios muy superiores a los habituales en otros circuitos profesionales.
La cifra anunciada permitiría financiar una versión más pequeña de la liga, pero queda lejos de los costes asumidos hasta ahora. En 2026, el LIV manejaba una bolsa de premios de 470 millones de dólares, sin contar otros compromisos operativos y contractuales. La competición por equipos prevista en Indianápolis, que tenía una dotación de 50 millones, fue suspendida, un episodio que evidenció las dificultades financieras y organizativas por las que atraviesa el proyecto.

Una liga más corta y con otro modelo económico
Los diez eventos recibirían la denominación de “Team Majors”, una etiqueta que apunta a un calendario vinculado a las franquicias ya existentes y a los mercados donde estas cuentan con mayor implantación. Entre los destinos mencionados figuran Australia, sede de Ripper; Sudáfrica, asociada a Southern Guards GC, y Corea, donde opera Korean Golf Club. La posible inclusión de España aparece todavía como una incógnita y no forma parte, por ahora, de una relación confirmada de sedes.
La reducción del calendario no sería el único cambio. La bolsa de premios por torneo pasaría de los 30 millones de dólares previstos en la etapa anterior a cantidades de entre 15 y 20 millones. Aunque seguirían siendo cifras elevadas en comparación con numerosos torneos tradicionales, la rebaja refleja la necesidad de adaptar el gasto a una estructura sin el mismo nivel de financiación soberana que impulsó el lanzamiento del LIV.
El nuevo acuerdo también convertiría a figuras clave de la competición en accionistas mayoritarios. La medida podría dar a los jugadores un papel más directo en la propiedad y en la gestión del circuito, pero también parece responder a una situación contractual compleja. Algunos golfistas aún tienen pagos pendientes y contratos cuya ejecución quedaría en suspenso mientras se define el futuro legal y financiero de la organización.
El abandono del PIF cambió el escenario
El anuncio llega después de que el PIF comunicara en abril que el LIV Golf ya no formaba parte de sus planes estratégicos. El fondo saudí había invertido 5.400 millones de dólares desde el verano de 2022, cuando la liga irrumpió en el golf profesional con un modelo basado en contratos millonarios, torneos de 54 hoyos, competiciones por equipos y una fuerte expansión internacional.
La retirada del principal respaldo financiero no implica necesariamente el cierre inmediato del circuito, pero sí altera las condiciones que permitieron su crecimiento. La financiación del PIF hizo posible atraer a jugadores de primer nivel y ofrecer premios capaces de competir con los de los torneos más importantes. Sin ese apoyo, la continuidad depende ahora de la capacidad de captar capital privado, reducir gastos y construir un producto comercialmente sostenible.
La diferencia entre los 250 millones anunciados y los desembolsos de años anteriores da una medida del ajuste. La nueva inversión cubriría una temporada mucho más corta y con premios inferiores, pero también tendría que afrontar obligaciones acumuladas, costes de producción, viajes, personal y posibles reclamaciones contractuales. Por eso, la viabilidad del plan dependerá tanto del calendario como de la resolución de las deudas pendientes.
La posible declaración de insolvencia
Fuentes citadas en la información apuntan a que la competición podría declararse en concurso de acreedores. Esa posibilidad no equivale a una desaparición automática, pero sí abriría un procedimiento para ordenar las obligaciones con jugadores, proveedores y otros acreedores. También permitiría renegociar compromisos y definir qué activos y contratos pueden trasladarse a la nueva estructura.
La eventual entrada en concurso introduciría incertidumbre sobre los acuerdos firmados durante la etapa de expansión. Los contratos garantizados fueron uno de los principales instrumentos utilizados por el LIV para atraer talento desde el PGA Tour y otros circuitos. Si parte de esas obligaciones queda suspendida o se modifica, la composición de las plantillas podría cambiar antes de que se confirme el calendario de 2027.
El anuncio de O’Neil debe interpretarse, por tanto, como una propuesta de supervivencia y no como la confirmación de una operación plenamente cerrada. Falta identificar al inversor, precisar el marco jurídico, aclarar el tratamiento de las deudas y determinar qué equipos y jugadores continuarán. También será necesario conocer cómo se relacionará el nuevo circuito con los grandes campeonatos y con las negociaciones más amplias que han intentado reducir la división del golf profesional.
Un futuro más pequeño, pero todavía abierto
El formato de diez torneos puede ofrecer ventajas prácticas: concentrar la actividad en fechas estratégicas, limitar los desplazamientos y conservar la presencia en mercados considerados prioritarios. Sin embargo, una temporada más corta también reduce las oportunidades de exposición para patrocinadores y equipos, y puede hacer más difícil justificar valoraciones elevadas para las franquicias.
La denominación “Team Majors” busca mantener una de las señas de identidad del LIV: la competición por equipos. Su éxito dependerá de que la marca conserve atractivo entre los aficionados y de que las franquicias dispongan de una base comercial real en sus respectivos países. Hasta ahora, el circuito ha contado con una fuerte financiación para sostener esa identidad; el nuevo escenario exigirá que los equipos generen más ingresos propios.
La liga, nacida en 2022 como uno de los mayores desafíos al orden establecido del golf, se enfrenta así a una etapa decisiva. La inversión prevista no recupera la escala de su proyecto original, pero podría proporcionar el margen necesario para reorganizarlo. La respuesta del mercado, la situación de los contratos y la identidad del nuevo inversor serán los factores que determinen si el LIV inicia en 2027 una versión más modesta o afronta el final de su recorrido.
