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Los Pumas cierran una serie de transición con una deuda competitiva rumbo al Mundial

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El empate 28-28 ante Australia en Mendoza clausuró una ventana incómoda para Los Pumas: cuatro partidos sin triunfos, pero también una oportunidad poco habitual para medir el espesor de un plantel sin varias de sus figuras. Las derrotas ajustadas frente a Sudáfrica y los Wallabies, por siete y seis puntos respectivamente, sumadas a la igualdad final, ofrecen un balance más decoroso de lo que sugería el contexto inicial. Sin embargo, el resultado global deja abierta una discusión de fondo cuando falta apenas un año para la Copa del Mundo de Australia 2027: cuánto margen tiene la selección para priorizar el desarrollo por encima de la máxima competencia.

Felipe Contepomi eligió subrayar la evolución interna antes que la falta de victorias. El entrenador observó que los mismos 34 jugadores que iniciaron la concentración terminaron las cinco semanas convertidos en “otro equipo”. Esa lectura no es menor: el seleccionado afrontó los encuentros con un grupo joven, sin buena parte de sus nombres establecidos y frente a rivales que, aun con rotaciones, conservan una cultura competitiva superior. La vara, según repitieron jugadores y cuerpo técnico, son los “estándares” exigidos para pertenecer a la elite internacional.

Los Pumas cierran una serie de transición con una deuda competitiva rumbo al Mundial

La cuestión es que los estándares no se acreditan sólo mediante señales de crecimiento. También se validan en partidos cerrados, decisiones bajo presión y capacidad para transformar una actuación aceptable en un triunfo. Los Pumas compitieron de igual a igual durante pasajes importantes de la serie, pero no lograron rematar ninguno de los cuatro compromisos. En noviembre, cuando el plantel estará completo y no habrá negociaciones con los clubes para liberar jugadores, esa explicación perderá fuerza. La necesidad será convertir el aprendizaje en resultados que alimenten la confianza antes de la recta mundialista.

Una ventana distinta a la del Nations Championship

El análisis del año no admite una sola etiqueta. La primera etapa como local, ante Escocia, Gales e Inglaterra en el Nations Championship, fue claramente negativa tanto por funcionamiento como por resultados. La serie posterior tuvo otro perfil. Sudáfrica llegó sin sus principales figuras y con la atención puesta en sus compromisos frente a los All Blacks; Australia utilizó los partidos como una plataforma inicial del ciclo de Les Kiss. Aun así, el contexto no invalida lo hecho por Argentina: competir contra selecciones de ese calibre con una formación en reconstrucción tiene valor. Lo que sí obliga es a dimensionarlo con precisión, sin convertir una derrota digna o un empate en una conquista.

El aspecto más rescatable fue la respuesta de los debutantes y de los jugadores con escasa experiencia internacional. Contepomi destacó la transformación de Juan Martín Scelzo, cuyo avance en cinco semanas, según el entrenador, pareció propio de un proceso mucho más largo. Pablo Matera y Rodrigo Isgró, por su parte, pusieron el foco en el papel de los referentes para transmitir hábitos, intensidad y responsabilidades cotidianas. Esa transmisión es indispensable en un equipo nacional, donde los períodos de trabajo son breves y la construcción de una identidad debe acelerarse.

La selección entre detectar potencial y elegir rendimiento probado

La discusión más delicada no pasa por si deben convocarse jóvenes, sino por el equilibrio de cada convocatoria. Contepomi fue explícito: el desempeño en los clubes es importante, pero no determinante, porque el staff confía en identificar potencial y desarrollarlo dentro del seleccionado mediante evaluaciones físicas, métricas y observación diaria. Es una política coherente con la necesidad de ampliar la base, especialmente después de años en los que Los Pumas dependieron de un núcleo reducido. Pero a doce meses del Mundial también contiene un riesgo: confundir proyección con disponibilidad competitiva inmediata.

El caso de Domingo Miotti ilustra esa tensión. El apertura no entró a tiempo en el radar argentino y ahora representará a Italia, una pérdida sensible en un puesto históricamente escaso. En el rugby francés hay, además, jugadores con recorrido y actualidad que podrían ofrecer soluciones concretas. Rodrigo Bruni atraviesa un buen presente en Bayonne; Facundo Bosch, a los 35 años, conserva experiencia de primer nivel; Santiago Socino podía sumar respaldo en el puesto de hooker; Facundo Isa conoce las exigencias de los grandes partidos, y Francisco Gorrissen aportaría liderazgo. No se trata de reclamar convocatorias automáticas ni de cerrar la puerta a una renovación necesaria, sino de preguntar si todos esos recursos fueron evaluados bajo el mismo criterio.

El precedente de las potencias y el valor de la experiencia

Las selecciones que sostienen resultados de alto nivel suelen combinar renovación con pragmatismo. Sudáfrica, bicampeona mundial, no duda en recuperar a Deon Fourie, cercano a los 40 años, si entiende que su aporte específico mejora al equipo. El contraste no implica que Argentina deba imitar cada decisión de Rassie Erasmus, pero sí muestra que el rendimiento presente, la experiencia en escenarios de máxima presión y la capacidad de resolver situaciones puntuales pueden pesar tanto como el horizonte de desarrollo.

En Los Pumas, el regreso de Gonzalo Bertranou pareció responder más a la irregularidad de los medioscrums disponibles que a una política sostenida de reconocimiento al rendimiento fuera del circuito habitual. También quedaron expuestas carencias en puestos sensibles: Leonel Oviedo, con poco rodaje en Western Force, no pudo responder cuando ingresó, mientras Ignacio Ruiz habría contado con mayor cobertura si el grupo hubiera incorporado un hooker experimentado. En una Copa del Mundo, donde lesiones, tarjetas y cambios de forma pueden alterar un plantel en pocos días, la profundidad no se mide sólo por juventud o potencial, sino por alternativas ya probadas.

Diez tests para definir una identidad competitiva

El calendario ofrece ahora una ventaja: quedan diez tests antes del debut mundialista y Contepomi podrá trabajar con todos los elegibles. La etapa más compleja, marcada por ausencias, ventanas fragmentadas y un calendario sin Rugby Championship, ya pasó. La próxima decisión será política y deportiva: mantener una base amplia para seguir formando jugadores o concentrar el equipo alrededor de quienes hoy garantizan mayor rendimiento. Ambas metas no son incompatibles, pero requieren jerarquías claras.

La serie ante Sudáfrica y Australia dejó una plataforma útil, no una certeza. Los jóvenes entendieron el nivel de exigencia y los referentes asumieron la tarea de transmitirlo. Pero el estándar que invocan Los Pumas no puede quedarse en un concepto de vestuario. Deberá reflejarse en la selección de nombres, en la gestión de los finales y, sobre todo, en victorias. Noviembre será la primera prueba de que el desarrollo acumulado puede convertirse en una ambición competitiva real.

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