La selección peruana atraviesa una etapa de reconstrucción bajo la conducción de Mano Menezes, quien ya comenzó a identificar a los futbolistas que podrían sostener el siguiente ciclo de la Blanquirroja. En sus declaraciones, el entrenador brasileño destacó especialmente a Jairo Vélez y Oliver Sonne, dos nombres que representan necesidades distintas dentro del nuevo equipo: creatividad en el mediocampo y continuidad en el lateral derecho.
El técnico dejó claro que las próximas convocatorias y los amistosos correspondientes a la fecha FIFA tendrán un objetivo que va más allá de obtener resultados inmediatos. La prioridad será observar el comportamiento de los jugadores, evaluar su respuesta ante distintas exigencias tácticas y determinar quiénes pueden integrarse a una base competitiva. Menezes reconoció que todavía no cuenta con un grupo consolidado y que el proceso de conocimiento entre el comando técnico y el plantel recién se encuentra en sus primeras etapas.

Vélez, una solución para recuperar al conductor
Entre los futbolistas que generaron una impresión positiva en el entrenador aparece Jairo Vélez. El jugador, actualmente en Alianza Lima, nació en Ecuador, pero obtuvo la nacionalidad peruana y quedó habilitado para representar a la selección. Aunque utiliza el dorsal 11, Menezes considera que su función dentro del campo se aproxima más a la de un número 10, debido a su capacidad para participar en la elaboración, acercarse al área y asumir responsabilidades ofensivas.
El técnico brasileño resaltó que Vélez marcó seis goles desde su llegada al combinado nacional, una producción que, a su juicio, confirma que puede ofrecer una respuesta concreta en una zona donde Perú ha tenido dificultades para encontrar continuidad. La valoración no se limita a la cantidad de anotaciones: el entrenador parece observar en él una alternativa para conectar el mediocampo con los delanteros y ordenar los ataques cuando el equipo necesita mayor claridad.
La presencia de Vélez también refleja una de las características de la nueva etapa: la búsqueda de soluciones fuera de los nombres tradicionalmente asociados con la selección. Menezes no ha presentado al futbolista como un reemplazo directo de una figura específica, sino como una pieza con un perfil funcional distinto. Esa diferencia resulta relevante, porque el proceso de renovación no consistirá únicamente en cambiar jugadores, sino en construir una estructura capaz de aprovechar sus características.
El lateral derecho, otra posición bajo observación
La situación de Oliver Sonne responde a una lógica diferente. Luis Advíncula ha sido durante años el lateral derecho de referencia para Perú, gracias a su experiencia internacional, su velocidad y su recorrido. Sin embargo, el paso del tiempo obliga a preparar una alternativa con suficiente anticipación. Menezes considera que Sonne, quien desarrolla su carrera en Europa, puede ocupar ese espacio dentro de la renovación del plantel.
El entrenador pidió observar la comparación con cautela. Según su razonamiento, los aficionados suelen medir a un nuevo futbolista frente a la versión más consolidada de Advíncula, pero olvidan que el propio jugador necesitó un proceso para convertirse en el referente que todos conocen. Por ello, el rendimiento de Sonne debería evaluarse a partir de su evolución, su adaptación a las exigencias de la selección y su entendimiento con los centrales y extremos, no solo mediante comparaciones inmediatas.
La competencia por el puesto será importante para Perú. Advíncula todavía puede aportar experiencia y liderazgo, pero la selección necesita que otros laterales acumulen minutos y responsabilidades antes de que la transición se vuelva inevitable. En ese escenario, Sonne no solo aparece como una alternativa deportiva, sino también como una prueba de la capacidad del nuevo comando técnico para administrar los cambios generacionales sin debilitar el funcionamiento colectivo.
Una renovación que alcanza a varias figuras
Menezes comparó el momento peruano con la reestructuración que afrontó durante su etapa al frente de Brasil, donde, según explicó, fue necesario modificar aproximadamente el 70 % del grupo. En el caso de Perú, mencionó a Paolo Guerrero, Renato Tapia, Advíncula y Christian Cueva como jugadores que se acercan al final de su participación internacional, aunque sus situaciones deportivas y contractuales son distintas.
La referencia no implica que todos ellos vayan a quedar fuera de inmediato. Sí evidencia, en cambio, que el entrenador contempla un horizonte de cambio profundo. La dificultad consiste en reemplazar experiencia acumulada sin trasladar toda la presión a futbolistas que todavía no han demostrado regularidad en el nivel internacional. Para reducir ese riesgo, los amistosos deberán servir como espacios de evaluación sistemática y no como simples compromisos aislados.
Los próximos partidos definirán el nuevo mapa
El cuerpo técnico se ha fijado como objetivo llegar a diciembre con una idea más clara del grupo que pretende consolidar. Menezes señaló que tendrá cuatro partidos de alto valor para observar respuestas y tomar decisiones. En esas presentaciones se podrá determinar si Vélez mantiene el impacto mostrado, si Sonne está preparado para asumir mayores funciones y qué otros jugadores pueden acompañarlos en la formación de una nueva base.
El desafío de Perú será convertir las buenas actuaciones individuales en un sistema estable. Un mediocampista creativo y un lateral con proyección pueden aportar soluciones, pero la renovación solo tendrá resultados si se acompaña con una identidad táctica definida, competencia interna y continuidad en las convocatorias. La apuesta de Menezes apunta precisamente a acelerar ese diagnóstico: conocer pronto qué futbolistas están listos para el siguiente ciclo y cuáles todavía necesitan tiempo antes de asumir un papel central con la Blanquirroja.
