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Manuela Loaiza transforma una década de frustraciones en dos resultados internacionales en el ciclismo de pista

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Manuela Loaiza Lobelo encontró en el ciclismo de pista la respuesta deportiva que durante diez años no había conseguido en el patinaje. La corredora antioqueña, nacida en Medellín el 3 de octubre de 2008, batió este año el récord mundial del kilómetro en el Campeonato Panamericano de Veracruz y posteriormente ganó una medalla de bronce en la prueba de velocidad pura disputada en Bélgica. Sus resultados la situaron entre las jóvenes referentes de la velocidad internacional, aunque su trayectoria también está marcada por un proceso de frustración, cambio y adaptación.

De las pistas de patinaje al velódromo

Loaiza llegó al deporte por iniciativa de su madre, Ana Laura Lobelo. Antes de dedicarse al patinaje practicó natación durante su primera infancia, pero a los cinco años comenzó a entrenar en la Liga de Patinaje de Antioquia, en el sector del estadio Atanasio Girardot. Más tarde se vinculó al club Orión, donde recibió formación técnica y cumplió con las exigencias de los entrenamientos, la alimentación y el descanso.

Sin embargo, los resultados no correspondieron con el esfuerzo. La deportista reconoce que no sobresalía en las competencias y que esa diferencia entre la preparación diaria y el rendimiento en carrera deterioró progresivamente su confianza. El nivel de sus rivales era superior al que entonces podía sostener, una circunstancia que convirtió cada competencia en una fuente de presión. La acumulación de derrotas y frustraciones terminó por abrir la posibilidad de buscar otro camino.

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El cambio se produjo entre 2023 y comienzos de 2024, después de un malentendido durante un entrenamiento. César Laverde, entrenador de ciclismo que conocía sus capacidades, le propuso trasladarse a esa disciplina. La decisión no fue completamente ajena a su experiencia: en el patinaje ya realizaba sesiones sobre bicicleta, además de trabajos de ruta. Al probar los entrenamientos específicos de pista, Loaiza se sintió más cómoda y percibió que podía desarrollar un potencial que no había logrado expresar sobre los patines.

Un récord construido en Veracruz

La adaptación fue rápida. En la prueba clasificatoria del kilómetro del Campeonato Panamericano celebrado en Veracruz, México, Loaiza registró un tiempo de 1 minuto, 7 segundos y 659 milésimas en el velódromo de Xalapa. La marca representó una velocidad promedio de 53,207 kilómetros por hora y mejoró el récord mundial anterior, de 1 minuto, 8 segundos y 92 milésimas, establecido en 2025 por la británica Erin Boothman.

El registro tiene relevancia porque el kilómetro exige combinar potencia, control técnico y capacidad para sostener una velocidad extrema durante un esfuerzo muy breve. Para una ciclista con apenas dos años de experiencia formal en la disciplina, el resultado aceleró su llegada al escenario internacional. También elevó las expectativas sobre su futuro, aunque el propio desarrollo de la temporada mostró que un récord no elimina las dificultades habituales de la alta competencia.

El bronce que confirmó su evolución

Meses después, la corredora viajó con la selección nacional a Heusden-Zolder, Bélgica, para competir en un certamen mundial. Allí obtuvo el bronce en velocidad pura. En la semifinal fue superada por Veronika Solazobova, quien terminó con la medalla de oro, mientras que Loaiza logró imponerse a Eve James en la disputa por el tercer lugar.

La medalla fue el resultado de enfrentamientos cerrados y de una preparación realizada con incertidumbre. Era la primera vez que competía sobre una pista de madera y no conocía con precisión las condiciones del escenario ni el nivel de sus adversarias. Según explicó, la preparación en Europa tiene diferencias importantes frente a la que se realiza en Colombia, por lo que el torneo también funcionó como una prueba de adaptación técnica y competitiva.

Su participación no terminó sin dificultades. Una caída en el keirin le impidió continuar en condiciones ideales y la obligó a aceptar que todavía existe una distancia entre alcanzar un resultado destacado y sostener el rendimiento durante todo un campeonato. La experiencia, sin embargo, le permitió reconocer la exigencia del circuito mundial y trabajar en el manejo de emociones como la euforia, la frustración y la rabia.

La deportista y el proyecto que sigue

Loaiza vive con su madre y su abuela, Olga Inés Távara, en el barrio Calasanz de Medellín. Completó la primaria y buena parte del bachillerato en la Institución Educativa La Presentación, pero tuvo que finalizar el último año de forma virtual en la institución Juan María Céspedes debido al tiempo que demandaban sus compromisos deportivos. Ya graduada, busca una beca para estudiar diseño gráfico, una meta que refleja su intención de construir una vida profesional más allá de la bicicleta.

En el corto plazo, la antioqueña espera iniciar el ciclo hacia los Juegos Suramericanos y avanzar en el proceso que podría llevarla a unos Juegos Olímpicos. Sus pruebas preferidas son la velocidad pura y el kilómetro, mientras que el keirin sigue siendo un desafío pendiente después de los tropiezos recientes. La principal transformación de su carrera no está solo en las marcas obtenidas: consiste en haber convertido una etapa prolongada de resultados insuficientes en una base de aprendizaje. El récord y el bronce confirman su talento, pero la consolidación dependerá de su capacidad para mantener ese progreso frente a rivales, escenarios y presiones cada vez mayores.

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