Monza, tradicional escaparate de velocidad pura, afronta un fin de semana radicalmente distinto. La alta dependencia de la energía eléctrica en los actuales Fórmula 1 amenaza con vaciar las baterías a mitad de las largas rectas, precisamente donde el circuito italiano construyó su identidad. La consecuencia prevista es doble: vueltas de clasificación entre cuatro y cinco segundos más lentas y una carrera en la que conservar o recuperar energía puede pesar tanto como la potencia máxima.

Adelantar sin consolidar la posición
La paradoja es que esa debilidad puede multiplicar los cambios de posición. Mike Krack, responsable de pista de Aston Martin, prevé un récord de adelantamientos comparable al de MotoGP: un coche con energía disponible podrá superar a otro descargado, pero quedará expuesto en la siguiente vuelta. Carlos Sainz comparte el diagnóstico y define el posible desarrollo como un “yo-yo”: los grupos se formarán según el ritmo y será difícil escapar de rivales equivalentes, aunque el número de maniobras no siempre refleje una batalla estratégica real.
El debate, por tanto, no es solo deportivo sino de modelo. Para algunos, más incertidumbre y adelantamientos justificarán la pérdida de velocidad; para otros, Monza deja de premiar el ataque sostenido y las frenadas al límite que caracterizaban al trazado. Sainz prefiere el circuito clásico, sin cortes de energía en plena recta, mientras Max Verstappen admite que pilotar así resulta “doloroso” y obliga a dosificar el acelerador. La clasificación también dependerá de rebufos coordinados y de la eficiencia aerodinámica, reduciendo el margen para gestas como la pole de Verstappen en 2025.
Ferrari llegará arropada por unos tifosi que llenarán las gradas, con una decoración dedicada a Michael Schumacher, mientras Lewis Hamilton busca convertirse en el primer piloto negro en ganar con la escudería italiana en casa. Pero el foco competitivo estará en el propulsor: Fernando Alonso incluso cree que Kimi Antonelli, último en parrilla por cambio de motor, puede remontar hasta el podio. Monza será una prueba decisiva para un reglamento cuya tensión entre espectáculo y sensación de velocidad sigue sin resolverse.
