Marián Mouriño, pregonera del Cristo de la Victoria, ha renovado públicamente su compromiso con el RC Celta al vincular su gestión con una visión institucional que trasciende el resultado deportivo. En su intervención del mediodía del sábado, la presidenta destacó cómo la fe le proporciona la determinación necesaria para tomar decisiones en momentos críticos y sentar las bases del club durante los próximos cien años.

Responsabilidad institucional
El discurso de Mouriño no se limitó a referencias emotivas. Enfatizó que tanto el Celta como la fe pertenecen a la comunidad y que quienes dirigen deben permanecer cerca de esa gente para entenderla. Esta afirmación revela una estrategia de liderazgo que busca legitimidad social antes que resultados inmediatos, integrando identidad cultural gallega y valores formativos como pilares del proyecto.
La presidenta también recordó el legado paterno al transmitir el sentimiento celeste a las siguientes generaciones. Esa continuidad generacional se presenta ahora como un mandato concreto: trabajar sin descanso para construir una institución sostenible más allá del fútbol. La mezcla de fe personal y responsabilidad corporativa otorga coherencia a sus decisiones y reduce el riesgo de gestión cortoplacista.
En términos prácticos, Mouriño asume que el club debe cumplir diariamente con la formación en valores. Esa meta, expresada ante el Cristo de la Victoria, convierte el pregón en un acto de rendición de cuentas pública que compromete al actual consejo de administración con plazos largos y objetivos no deportivos medibles.
