La FIFA cerró el Mundial 2026 con un balance financiero sin precedentes. Entre 9.000 y 11.000 millones de dólares en ingresos, impulsados por la ampliación a 48 equipos, precios elevados de entradas y récord de asistencia superior a 6,5 millones de espectadores. Las pausas de hidratación y el formato ampliado garantizaron llenos constantes, incluido el máximo de 281.000 personas en una sola jornada.

Para Estados Unidos, principal anfitrión, los resultados fueron más modestos. La ocupación hotelera en las once sedes quedó por debajo de las proyecciones en casi el 80 % de los casos. Restaurantes y comercios locales reportaron menor afluencia de la esperada, atribuida a las restricciones de visados y al clima político generado por las políticas migratorias y arancelarias de la administración Trump.
Los datos confirman una tendencia iniciada en 2025: Estados Unidos fue la única potencia turística que perdió visitantes. Incidentes como la retención de un árbitro somalí y la detención temporal de un delantero iraní reforzaron la percepción de trabas administrativas. Aunque el gasto en ciudades como Los Ángeles y Miami creció un 6 %, el impacto económico directo en los anfitriones quedó lejos de las promesas iniciales de 104 Super Bowls.
El torneo evidenció la capacidad de la FIFA para maximizar sus ingresos mientras los beneficios locales dependían de factores externos a la organización deportiva.
