CEUTA, 4 de septiembre de 2026. Oussama, un joven marroquí de 21 años, permanece a las puertas del asentamiento provisional de Loma Colmenar después de pasar más de un mes en condiciones precarias en la playa de El Trampolín. Su recorrido desde la costa hasta este punto de Ceuta resume la situación de decenas de migrantes que, tras alcanzar la ciudad por mar, aguardan una plaza de acogida y la posibilidad de iniciar trámites de protección internacional.
El joven llegó a Ceuta tras una travesía a nado de alrededor de tres horas, una experiencia que, según relató en agosto, estuvo cerca de costarle la vida. El 8 de ese mes fue localizado por EFE en la arena de El Trampolín, con una escayola en una mano por la fractura de un dedo sufrida al tocar tierra. Entonces, pese al dolor y al cansancio, mostraba la satisfacción de haber culminado una entrada que había preparado con el propósito de solicitar asilo.

Casi un mes después, su situación física y anímica ha cambiado. Ya no lleva la escayola, pero el dedo continúa hinchado y deformado, indicio de una recuperación sin atención adecuada. En los pies conserva heridas cubiertas con vendajes, provocadas por semanas de caminatas y noches al raso con el mismo calzado y sin calcetines. Ahora se mueve con chanclas, una solución que reduce el roce pero deja visibles las consecuencias de la falta de condiciones básicas de descanso e higiene.
De la playa a las inmediaciones del centro
Oussama se trasladó a Loma Colmenar después de escuchar que algunas personas podrían ser admitidas en el centro temporal instalado en la zona. “Llegué ayer aquí porque dijeron que dejarían entrar a algunos migrantes al campamento”, explicó en inglés ante las puertas del recinto. La decisión responde a una lógica compartida por otros jóvenes: permanecer cerca de un posible punto de acceso para no perder una eventual convocatoria o derivación.
La playa de El Trampolín, donde se concentraron numerosos recién llegados durante las últimas semanas, ha ido perdiendo parte de esa población conforme se habilitaban espacios y algunas personas buscaban alternativas. Sin embargo, todavía permanecen allí cientos de migrantes. El desplazamiento hacia Loma Colmenar no ha resuelto la falta de alojamiento: Oussama volvió a pasar la noche en la calle, junto a las fachadas de viviendas cercanas al asentamiento.
“No tenemos otra opción, es el lugar más cercano al centro”, afirma. La frase refleja una dinámica de espera marcada por información incompleta y por la falta de certezas sobre plazas disponibles, procedimientos de identificación o tiempos de atención. Para quienes llegan sin red familiar ni recursos económicos en la ciudad, la proximidad a los dispositivos de acogida se convierte en una estrategia de supervivencia, aunque implique dormir a la intemperie.
Una presión creciente en las barriadas periféricas
La concentración de personas en los alrededores de Loma Colmenar ha incrementado la tensión en esta zona periférica de Ceuta. Vecinos del área han expresado malestar por la presencia continuada de grupos que pernoctan en aceras y espacios próximos a bloques residenciales. La situación combina una necesidad humanitaria inmediata con problemas de convivencia derivados de la falta de espacios suficientes para acoger a quienes llegan.
Oussama sostiene que el despliegue policial y militar ha contribuido a mantener la calma. La presencia de agentes permite controlar los accesos y evitar incidentes, aunque no resuelve el origen del problema: la acumulación de personas que esperan una respuesta administrativa mientras carecen de alojamiento estable. El equilibrio entre seguridad, atención social y convivencia vecinal se ha convertido en uno de los retos más visibles de las últimas semanas en la ciudad.
La experiencia del joven también evidencia que la llegada al territorio no pone fin al riesgo. La travesía marítima representa el momento de mayor peligro inmediato, pero los días posteriores pueden abrir un periodo de vulnerabilidad prolongada: lesiones sin tratamiento suficiente, exposición a la intemperie, falta de descanso y dependencia de decisiones administrativas. Esa secuencia condiciona tanto la salud de las personas migrantes como la capacidad de respuesta de los recursos locales.
El asilo como objetivo inmediato
Frente a la incertidumbre, Oussama mantiene el mismo objetivo que expresó tras llegar a la playa: pedir asilo. “No he venido a meterme en líos, solo quiero pedir asilo”, repite. Asegura disponer de pruebas para respaldar su solicitud, aunque no concreta públicamente su contenido. Su prioridad actual es acceder a un procedimiento que le permita formalizar esa petición y dejar atrás la situación de espera en la calle.
El derecho a solicitar protección internacional exige que cada caso sea examinado de forma individual, pero el acceso efectivo al procedimiento depende también de la capacidad de los dispositivos de recepción, orientación e identificación. En contextos de llegadas concentradas, el desfase entre la necesidad de atención y los recursos disponibles puede prolongar la incertidumbre de quienes pretenden iniciar esos trámites, sin que ello anticipe el resultado de sus expedientes.
Oussama vincula su proyecto migratorio con la intención de retomar sus estudios de informática y ayudar económicamente a su madre, que está enferma en Marruecos. Esas expectativas contrastan con una realidad inmediata centrada en conseguir refugio, atención para sus heridas y acceso a información fiable. Treinta días después de arriesgarse en el mar, permanece junto a decenas de jóvenes a la espera de una noticia que determine su próximo paso.
