Pere Tomàs encara la próxima temporada en el Covirán Granada con una idea muy precisa: recuperar el papel competitivo que perdió el curso pasado y volver a sentirse parte activa de la rotación. El alero de Llucmajor, que cumplirá 37 años en septiembre, reconoció que su aportación en la pasada Liga Endesa fue “testimonial” y que hubo partidos en los que ni siquiera entró en convocatoria. Esa sinceridad dibuja el punto de partida de una campaña que para él tiene un valor doble: deportivo y personal.
La continuidad del balear en Granada, donde completará seis temporadas, no es un dato menor en un mercado cada vez más volátil. El propio jugador subrayó que permanecer tanto tiempo en un mismo club “no suele pasar” y agradeció la confianza depositada por la entidad. En un contexto en el que las plantillas se reformulan con rapidez y los vínculos largos son escasos, su renovación aporta una referencia de estabilidad a un proyecto que busca asentarse en una categoría exigente.

La confianza de Arturo Ruiz, factor decisivo
Tomàs explicó que la figura de Arturo Ruiz fue determinante para prolongar su etapa en Granada. Según relató, el técnico malagueño le transmitió la necesidad de recuperar la ilusión para iniciar otra vez una temporada con ambición y pelear por minutos y espacio en la rotación. Esa conversación parece haber reactivado a un jugador que admite haber pasado un último año complicado, no solo por su participación reducida, sino por el impacto que eso tiene en la motivación de un veterano acostumbrado a un rol más influyente.
El mensaje que deja el propio alero es nítido: no plantea la campaña como un ajuste de mínimos, sino como una oportunidad para reconstruir su protagonismo paso a paso. Habla de energía renovada, hambre y prudencia. Ese equilibrio resulta relevante en un perfil como el suyo, porque en jugadores de larga trayectoria la diferencia entre sostenerse y quedar relegados suele depender tanto del rendimiento físico como de la capacidad para asumir con naturalidad un nuevo lugar en el grupo.
Un vestuario nuevo que aún debe cuajar
Más allá de su situación individual, Tomàs también puso el foco en el trabajo colectivo del Covirán Granada. Valoró que el club se ha movido con rapidez en el mercado y ha reunido piezas importantes en todas las posiciones, pero advirtió que el equipo todavía es, en sus palabras, una suma de nombres que necesita convertirse en bloque. La observación no es retórica: en un vestuario renovado, la primera tarea suele ser ordenar jerarquías, fijar roles y acelerar la asimilación de las ideas del entrenador.
Ese proceso será especialmente importante en la Primera FEB, a la que el jugador se refirió como una competición de enorme dificultad. Su lectura coincide con la experiencia acumulada por numerosos clubes que han comprobado que el favoritismo previo no garantiza el ascenso. El ejemplo de Estudiantes, citado por Tomàs tras encadenar varias temporadas en el intento de regresar a la ACB, resume bien la dureza de una liga en la que el margen de error es estrecho y la continuidad competitiva pesa tanto como la calidad individual.
En ese escenario, la renovación de Tomàs no solo tiene valor simbólico. Para Granada supone conservar una voz con recorrido dentro del vestuario y un jugador que conoce el entorno, la exigencia y los ritmos de un proyecto que aspira a recuperar impulso. Para él, en cambio, el reto es más íntimo: volver a jugar con presencia real y demostrar que todavía puede sostener minutos útiles en un contexto de alta competitividad. La temporada arranca, así, con una negociación abierta entre la memoria de un veterano y las necesidades de un equipo que todavía está en construcción.
