La posible designación de Andrea Pirlo como seleccionador de Italia se ha detenido tras revelarse su rol de embajador global de Fonbet, la principal casa de apuestas rusa. La Federación Italiana de Fútbol (FIGC) ya revisa el contrato del técnico con el Dubai United para determinar si ese vínculo forma parte del acuerdo firmado en mayo de 2025 o se trata de una decisión personal. En un país donde los jugadores federados tienen prohibido asociarse con marcas de apuestas, la noticia generó rechazo inmediato en la opinión pública.

La vicepresidenta del Parlamento Europeo, Pina Picierno, señaló que Pirlo presta su prestigio a una operación de normalización del régimen de Putin mientras Ucrania enfrenta bombardeos. El político Carlo Calenda fue más directo: quien haya promovido a Rusia tras la invasión de 2022 no debería ocupar cargos nacionales. Estas críticas no se limitan a la ética personal; cuestionan la coherencia de la selección italiana con la posición oficial de Italia en la Unión Europea.
Si el contrato con Fonbet no ofrece una cláusula que justifique el vínculo, las opciones de la FIGC se reducen a Roberto Mancini y Antonio Conte. Mancini aparece como favorito por su relación con el presidente Giovanni Malago y por aceptar un sueldo de dos millones de euros anuales durante cuatro años. Conte, en cambio, exige cifras superiores y podría rechazar ser segunda opción. El episodio deja en evidencia que la elección de un entrenador nacional ya no depende solo de resultados deportivos, sino de alineación geopolítica y percepción pública.
