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Pusic asume el reto de Al-Ahli entre ambición y riesgo

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La elección de Marino Pusic como nuevo entrenador del Al-Ahli cierra una semana de especulaciones, pero abre una etapa de exigencia máxima para el club saudí. El neerlandés, de 54 años, llega con un contrato de dos temporadas y con la responsabilidad de ocupar el lugar dejado por Matthias Jaissle, convertido en nuevo técnico del Newcastle United tras la salida de Eddie Howe. No se trata únicamente de cubrir una vacante: Pusic hereda un equipo campeón de Asia, una plantilla construida para competir por todos los títulos y una expectativa pública que ya no acepta proyectos de transición demasiado prolongados.

El nombramiento también envía una señal sobre el rumbo deportivo de la entidad. Frente a los nombres de Xavi Hernández o Marcelino, vinculados durante los últimos días con el banquillo, Al-Ahli ha optado por un técnico menos mediático, pero con experiencia reciente en contextos competitivos diversos. Su paso por Twente y Shakhtar Donetsk terminó con títulos de liga, mientras que su última experiencia en Al-Jazira le permitió conocer el fútbol de la región y sus particularidades. Esa combinación puede facilitar la adaptación inicial, aunque no elimina las dudas sobre su capacidad para gestionar un vestuario sometido a una presión muy superior.

Una continuidad con margen para corregir

El principal beneficio de la designación es la posibilidad de mantener una identidad reconocible. El comunicado del Al-Ahli define a Pusic como un entrenador orientado al fútbol ofensivo, la intensidad y la flexibilidad táctica, características que coinciden con el perfil que el club pretende consolidar. En una plantilla diseñada para dominar la posesión, atacar con muchos efectivos y sostener un ritmo elevado, la llegada de un técnico que no parte de un modelo conservador puede reducir el coste de una ruptura brusca con la etapa anterior.

Además, Pusic no aterriza completamente a ciegas. Su campaña en Emiratos Árabes Unidos le ha dado contacto directo con el mercado, las condiciones climáticas, los desplazamientos regionales y las particularidades de los calendarios del Golfo. Esa experiencia puede ser relevante en una competición donde la gestión de la recuperación física, la rotación y la aclimatación a distintos escenarios pesa tanto como la preparación táctica. Con dos años de contrato, el club dispone, al menos sobre el papel, de un horizonte suficiente para evaluar una evolución y no solo resultados aislados.

La continuidad, sin embargo, no significa inmovilismo. La marcha de Jaissle deja un vacío en la dirección diaria de un grupo acostumbrado a una determinada metodología, a unos roles y a una distribución de responsabilidades. Pusic tendrá que decidir qué elementos conservar y cuáles modificar sin provocar una pérdida de confianza. El éxito temprano dependerá de que los futbolistas perciban un proyecto coherente, no de que el nuevo técnico intente demostrar su autoridad cambiándolo todo desde el primer día.

El doble campeón asiático eleva la presión

La exigencia más inmediata será defender el título continental conseguido en temporadas consecutivas bajo la dirección de Jaissle. Ganar una competición de esa dimensión requiere calidad, pero repetir el éxito añade una carga distinta: los rivales conocen mejor al campeón, preparan partidos con mayor cautela y convierten cada encuentro en una oportunidad para medir su propia evolución. Pusic deberá gestionar esa condición de favorito sin permitir que el equipo confunda dominio territorial con control real de los partidos.

La Champions asiática también plantea un problema de planificación. El Al-Ahli tendrá que combinar encuentros internacionales, competición liguera y probablemente compromisos de copa, con viajes largos y calendarios comprimidos. Un sistema basado en alta intensidad puede ofrecer ventajas en partidos decisivos, pero sus costes aumentan cuando la plantilla acumula minutos y lesiones. La profundidad del grupo será determinante, al igual que la disposición del entrenador a rotar antes de que aparezcan problemas físicos. Si Pusic depende demasiado de un núcleo reducido de titulares, el rendimiento puede caer precisamente en el tramo más importante de la temporada.

La presión no se limitará al continente. El club saudí aspira a conquistar la liga once años después de su último título, una sequía que convierte el campeonato nacional en una prueba específica para el nuevo proyecto. En Asia, el Al-Ahli puede encontrar escenarios donde el pragmatismo y la experiencia resulten suficientes para avanzar; en la liga, deberá sostener la regularidad durante meses. Perder puntos ante rivales inferiores, encajar goles evitables o mostrar irregularidad fuera de casa tendría un impacto mayor que una derrota puntual en una eliminatoria.

La adaptación del modelo será la primera prueba

El discurso ofensivo de Pusic encaja con las ambiciones del Al-Ahli, pero una idea atractiva no garantiza resultados. Para atacar con amplitud y presión alta, el equipo necesita distancias cortas entre líneas, defensas capaces de correr hacia atrás y centrocampistas que interpreten bien los cambios de ritmo. Cualquier desajuste puede dejar espacios en la transición defensiva, especialmente contra adversarios que acepten menos posesión y busquen lanzar ataques rápidos sobre la espalda de los laterales.

El técnico deberá valorar si la plantilla actual cuenta con los perfiles necesarios o si será preciso solicitar incorporaciones. En clubes respaldados por grandes inversiones, la solución habitual ante un problema táctico suele ser acudir al mercado. Esa vía puede acelerar la construcción del equipo, pero también genera riesgos: fichajes que no encajan, inflación salarial, pérdida de equilibrio dentro del vestuario y dependencia de futbolistas cuya disponibilidad no siempre está garantizada. La dirección deportiva tendrá que distinguir entre una necesidad estructural y una reacción precipitada a los primeros resultados.

Otro aspecto delicado será la gestión de las estrellas. Los grandes nombres elevan el nivel competitivo y la proyección internacional del Al-Ahli, pero también pueden limitar el margen de maniobra del entrenador. Pusic necesitará establecer una jerarquía deportiva clara, explicar las rotaciones y sostener sus decisiones incluso cuando afecten a jugadores con peso económico o mediático. Si el vestuario interpreta que las oportunidades dependen más del estatus que del rendimiento, la intensidad que el técnico considera central en su propuesta puede deteriorarse.

El riesgo de comparar cada partido con Jaissle

La herencia de Jaissle será una referencia inevitable. El anterior entrenador deja un equipo ganador y, por tanto, cualquier retroceso será interpretado como una consecuencia directa del relevo. Esa comparación puede distorsionar el análisis: un nuevo técnico necesita tiempo para ajustar mecanismos, pero un campeón tiene menos margen para experimentar. La dirección del Al-Ahli deberá proteger el proceso sin utilizar la paciencia como excusa para resultados deficientes o señales de desorganización.

También existe el riesgo de que Pusic sea evaluado por su nombre y no por su trabajo. La ausencia del impacto mediático que habrían generado Xavi o Marcelino puede ser positiva, porque reduce el ruido externo y permite concentrarse en el rendimiento. Al mismo tiempo, si los resultados iniciales no acompañan, algunos sectores podrían presentar la elección como una alternativa de segundo nivel. La comunicación del club tendrá que explicar con precisión los criterios del nombramiento y fijar objetivos verificables, en lugar de limitarse a invocar conceptos amplios como identidad o ambición.

La experiencia de Pusic en Twente y Shakhtar aporta argumentos a favor, aunque no constituye una garantía automática. Cada título fue obtenido en un contexto institucional, económico y competitivo diferente. El fútbol saudí presenta recursos financieros importantes, pero también una concentración de talento internacional, una atención pública creciente y una dinámica de mercado que puede cambiar rápidamente. El entrenador deberá demostrar que sabe trasladar sus aprendizajes a una organización con expectativas globales y no solo repetir fórmulas que funcionaron en Europa.

Qué debería medir el club más allá de los títulos

El Al-Ahli necesitará evaluar la etapa con indicadores que permitan detectar problemas antes de que se conviertan en crisis. La posición en la tabla y los trofeos seguirán siendo decisivos, pero convendrá observar la producción ofensiva, la cantidad y calidad de las ocasiones concedidas, la respuesta tras perder el balón y el rendimiento frente a los principales competidores. También será importante comprobar si el equipo mantiene un nivel estable cuando Pusic introduce rotaciones o modifica el dibujo táctico.

La gestión humana merece una atención equivalente. La integración de futbolistas nuevos, la evolución de los jóvenes y la relación entre los jugadores locales y las figuras extranjeras ofrecerán señales sobre la salud del vestuario. Un proyecto sostenible no puede depender exclusivamente de una alineación ideal; necesita una plantilla preparada para cubrir ausencias y aceptar diferentes funciones. En ese punto, la flexibilidad atribuida a Pusic será útil solo si se convierte en comportamientos entrenados y no en cambios improvisados.

La primera temporada debería servir para consolidar una base competitiva, pero sin rebajar las metas inmediatas. La defensa del título asiático y la lucha por la liga obligarán al entrenador a equilibrar desarrollo y resultados desde el comienzo. Si el club respalda sus decisiones con una planificación coherente, garantiza una estructura médica y física adecuada y evita intervenir impulsivamente después de cada tropiezo, la elección puede convertirse en una oportunidad para construir un ciclo propio. Si, por el contrario, las expectativas no se acompañan de estabilidad institucional, Pusic afrontará un escenario en el que cualquier empate será leído como una señal de fracaso.

El nombramiento representa, por tanto, una apuesta de riesgo controlado: el técnico posee antecedentes ganadores y conocimiento regional, pero todavía debe probar que puede sostener el rendimiento de un campeón sometido a una presión inédita. La respuesta se verá menos en las declaraciones iniciales que en la capacidad del Al-Ahli para competir cada tres días, administrar su talento y conservar una identidad reconocible cuando lleguen las lesiones, los malos resultados y los partidos decisivos. Ahí comenzará a medirse la verdadera dimensión de la sucesión de Jaissle.

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