Jon Rahm cerró la segunda jornada del Abierto Británico en Royal Birkdale con un parcial de 68 golpes que le sitúa en -4, a cuatro de Lucas Herbert. El australiano firmó una tarjeta de 62 que iguala el mejor resultado histórico en un major y lidera el torneo junto a Sam Burns, también con 62. El vasco alternó birdies y bogeys en los primeros seis hoyos, salvó varias bolas complicadas desde la maleza y cerró con dos birdies finales pese a fallar un putt de un metro. Esta actuación mantiene intactas sus opciones de victoria en un campo que premia la consistencia sobre la distancia.
El resultado de Herbert, sin embargo, no fue impecable: falló un putt sencillo en el último hoyo que le habría dejado en 61. Esa presión final revela cómo incluso los jugadores más en forma pueden verse afectados por la expectativa de hacer historia. Rahm, por su parte, demostró que su juego corto y su capacidad de recuperación compensan los errores desde el tee, un patrón que ya le ha permitido ganar majors en el pasado.

La presión del 62 como punto de inflexión
Herbert y Burns han igualado la marca de 62, un logro que hasta ahora solo unos pocos jugadores han conseguido en la historia de los majors. Este dato no es anecdótico: en los últimos diez años, solo cinco rondas de 62 o menos se han registrado en torneos de gran slam. La repetición de esta marca en una misma jornada indica que las condiciones del campo de Royal Birkdale, con greens relativamente receptivos y calles que permiten aproximaciones precisas, están favoreciendo a quienes controlan el segundo golpe y el putt. Rahm ha sabido explotar precisamente esas dos áreas, lo que explica por qué se mantiene a distancia razonable del líder pese a no haber firmado una ronda tan baja.
Consistencia frente a explosividad
Uno de los elementos más relevantes de esta segunda jornada es la diferencia de estilos entre Rahm y los líderes. Mientras Herbert y Burns optaron por una estrategia agresiva que generó ocho birdies cada uno, el español priorizó evitar bogeys graves. Esta aproximación le permitió recuperarse de dos errores tempranos y cerrar con dos birdies. Históricamente, los ganadores del Open Británico han combinado ambas cualidades, pero en campos como Birkdale la consistencia suele pesar más que los arranques espectaculares. El hecho de que Scottie Scheffler, actual número uno mundial, también termine en -4 refuerza esta idea: los jugadores que minimizan pérdidas mantienen opciones reales hasta el final.
El papel de los jugadores de LIV en los majors
La presencia de Herbert y Rahm en las primeras posiciones plantea una cuestión estructural sobre la relación entre la liga saudí y los grandes torneos. Ambos compiten en LIV y, sin embargo, están demostrando que pueden mantener el nivel competitivo en eventos organizados por las federaciones tradicionales. Este dato contradice la narrativa inicial de que la salida de varios jugadores al circuito saudí mermaría su rendimiento en majors. Por el contrario, la experiencia de jugar en formatos diferentes parece estar mejorando su capacidad de adaptación a campos exigentes. Bryson DeChambeau, también vinculado a LIV, se sitúa segundo a un golpe del líder, lo que añade más peso a esta observación.
El rendimiento de los españoles y el corte
Eugenio Chacarra y Josele Ballester lograron superar el corte, un logro significativo para Chacarra que lo consigue por primera vez en un major. Ballester, por su parte, firmó un eagle en el 17 que le permitió mantenerse dentro del torneo. Estos resultados contrastan con la eliminación de Ángel Ayora, David Puig y el amateur Alejandro de Castro. La diferencia entre los que pasaron y los que no radica principalmente en la gestión de los hoyos finales: quienes cometieron bogeys en los últimos tres hoyos quedaron fuera. Este patrón subraya la importancia de mantener la concentración cuando la fatiga y la presión aumentan, algo que Rahm ya demostró en la segunda ronda.
Riesgos de mantener el ritmo en las últimas jornadas
El margen de cuatro golpes que separa a Rahm de Herbert no es pequeño, pero tampoco insalvable en un Open Británico. Sin embargo, el principal riesgo para el español radica en la posible aparición de vientos más fuertes en las próximas jornadas, algo habitual en la costa de Liverpool. En esas condiciones, los jugadores que dependen excesivamente del putt pueden sufrir más que aquellos con un juego de hierros sólido. Rahm tiene ventaja en este aspecto, pero deberá evitar los errores desde el tee que ya le costaron bogeys en la segunda ronda. Para Herbert, el reto es distinto: repetir o acercarse a los 62 en una tercera jornada con mayor presión puede generar un bloqueo mental que ya se vislumbró en el último hoyo de la segunda vuelta.
Perspectivas para las rondas finales
El escenario actual apunta a una lucha entre tres perfiles diferentes: el golf explosivo de Herbert y Burns, la consistencia de Rahm y Scheffler, y la recuperación de Rory McIlroy, que se mantiene a -1 pese a un inicio irregular. McIlroy tiene la oportunidad histórica de convertirse en el primer jugador desde Padraig Harrington en ganar el Open tras superar el par en la primera ronda. Si los vientos permanecen moderados, es probable que veamos más rondas por debajo de 68. Si aumentan, el torneo podría decantarse hacia jugadores que, como Rahm, priorizan el control de la bola sobre la distancia. En cualquier caso, la segunda jornada ha dejado claro que el resultado final dependerá menos de una sola ronda baja que de la capacidad de cada contendiente para gestionar los errores inevitables en un campo de estas características.
