Los Reyes Felipe VI y doña Letizia acudieron a la final del Mundial 2026 entre España y Argentina en el MetLife Stadium, pero la FIFA los ubicó en el palco presidencial junto a líderes como Donald Trump, Gianni Infantino, Mark Carney, Claudia Sheinbaum y Pedro Sánchez. Sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, ocuparon un palco distinto, acompañadas únicamente por leyendas del equipo campeón de 2010 como Iker Casillas, Carles Puyol, Jesús Navas y Sergio Ramos.

La decisión responde a un protocolo de seguridad estricto de la FIFA. El palco presidencial reunió a las máximas autoridades de los tres países organizadores y de las dos selecciones finalistas bajo una mampara protectora, mientras que las infantas se situaron en un área con menor protección. Este reparto prioriza la contención de riesgos ante la presencia de múltiples jefes de Estado sobre la cohesión familiar en eventos de alto perfil.
El episodio revela cómo los organismos deportivos internacionales adaptan su logística a criterios de amenaza variable. Al aislar a los mandatarios en un entorno reforzado, la FIFA minimiza la exposición colectiva sin alterar el acceso de la familia real al acontecimiento. La medida, aunque incómoda para la imagen pública, sigue la lógica de separar perfiles de riesgo alto de acompañantes sin cargo institucional directo.
La presencia de Leonor y Sofía junto a los campeones de Sudáfrica mantuvo un tono de continuidad institucional y homenaje histórico. Sin embargo, la separación física subraya que, en finales de esta magnitud, los criterios operativos de seguridad prevalecen sobre las preferencias personales de los asistentes.
