Ferran Torres ha popularizado una rutina de ayuno intermitente que consiste en cenar entre las siete y media y las ocho de la tarde y no volver a ingerir alimentos hasta las dos de la tarde siguiente. Esta práctica, que el delantero del FC Barcelona combina con entrenamientos en ayunas, ha generado debate entre especialistas en nutrición deportiva. Antelm Pujol, endocrinólogo y nutricionista, ha señalado que, aunque cenar temprano aporta beneficios comprobados, la ventana reducida de seis horas para consumir calorías puede resultar insuficiente para un deportista de élite que necesita recuperar grandes volúmenes de energía.
El comentario de Pujol no cuestiona la validez del ayuno intermitente en términos generales, sino que pone el foco en las exigencias metabólicas específicas de los futbolistas profesionales. Un jugador de primer nivel puede requerir entre 3.500 y 4.500 calorías diarias durante periodos de alta carga, cifra que resulta complicada de alcanzar cuando el tiempo disponible para comer se reduce drásticamente.
El desafío calórico en ventanas de seis horas
La principal advertencia del especialista radica en la dificultad logística de ingerir los macronutrientes necesarios en un periodo tan limitado. Cuando un deportista dispone únicamente de seis horas para alimentarse, la densidad calórica de cada comida debe ser extremadamente alta. Sin embargo, aumentar la cantidad de comida por ingesta no garantiza una correcta absorción ni evita déficits en micronutrientes esenciales como hierro, magnesio o vitaminas del grupo B.
Estudios realizados en ciclistas profesionales han demostrado que periodos de ingesta comprimida reducen en un 18 por ciento la cantidad de carbohidratos consumidos, lo que afecta directamente a la reposición de glucógeno muscular. Esta reducción no siempre se percibe de inmediato en el rendimiento, pero sí se acumula a lo largo de semanas de competición.

Además, la ausencia de desayuno elimina una oportunidad natural de incorporar proteínas de alta calidad en un momento en que el cuerpo se encuentra en estado catabólico tras el sueño. Aunque Torres afirma sentirse con más energía entrenando en ayunas, esta percepción subjetiva no siempre coincide con los marcadores bioquímicos de recuperación.
Perspectivas desde la nutrición deportiva
Los preparadores físicos de equipos de LaLiga consultados coinciden en que el ayuno intermitente puede funcionar cuando se diseña un protocolo individualizado. En el caso de Torres, el hecho de que cene tres horas antes de dormir mejora la calidad del sueño y reduce el cortisol, dos factores que favorecen la recuperación muscular. Sin embargo, esta ventaja se ve contrarrestada si la ingesta posterior no alcanza los requerimientos proteicos y energéticos.
Por otro lado, algunos nutricionistas que trabajan con jugadores de la selección española destacan que el éxito del ayuno intermitente depende del perfil metabólico individual. Atletas con alta sensibilidad a la insulina toleran mejor las ventanas estrechas, mientras que aquellos con mayor masa muscular necesitan distribuir las calorías a lo largo de más horas para evitar sobrecarga digestiva.
Implicaciones para el rendimiento sostenido
Uno de los riesgos menos visibles radica en la posible erosión progresiva de la masa muscular cuando la ingesta proteica resulta insuficiente durante periodos prolongados. Aunque el ayuno intermitente no impide el desarrollo de fuerza, sí exige una planificación precisa de los momentos de ingesta para maximizar la síntesis proteica.
En equipos donde varios jugadores adoptan este patrón alimentario, los médicos observan un aumento de consultas por fatiga persistente y mayor incidencia de lesiones musculares leves. Estos datos sugieren que el ayuno intermitente, sin supervisión constante, puede convertirse en un factor de riesgo silencioso durante la temporada larga.
La necesidad de protocolos personalizados
El doctor Pujol enfatiza que el ayuno intermitente no resulta incompatible con el deporte profesional siempre que la ventana de seis horas se calcule con precisión. Esto implica medir no solo calorías totales, sino también la distribución temporal de carbohidratos y proteínas en función de los horarios de entrenamiento y partido.
Algunos clubes ya están incorporando sensores de glucosa y aplicaciones de seguimiento nutricional para ajustar las ingestas en tiempo real. Esta aproximación tecnológica permite detectar déficits antes de que se traduzcan en bajadas de rendimiento o problemas de salud.
Riesgos potenciales y tendencias futuras
A largo plazo, la restricción calórica involuntaria puede afectar la densidad ósea y la función hormonal en deportistas jóvenes. Aunque Torres se encuentra en una etapa madura de su carrera, el ejemplo que representa podría influir en categorías inferiores donde los jugadores aún están en fase de desarrollo.
Las federaciones deportivas comienzan a plantearse la necesidad de establecer directrices específicas sobre prácticas de ayuno en competiciones de élite. Mientras tanto, la tendencia apunta hacia una mayor individualización: cada atleta requerirá un plan distinto según su posición, su carga de partido y sus características metabólicas. El debate abierto por las declaraciones de Pujol refleja precisamente esta necesidad de pasar de enfoques genéricos a estrategias altamente personalizadas que protejan tanto el rendimiento como la salud a largo plazo.
