Aryna Sabalenka, número uno del tenis mundial, interrumpió este viernes su partido de tercera ronda del Abierto de Estados Unidos después de percibir un fuerte olor a cannabis procedente de los alrededores del Estadio Louis Armstrong. La pausa se produjo cuando la bielorrusa dominaba por 3-0 a la uzbeka Kamilla Rakhimova y se disponía a sacar con una ventaja de 30-0.
“Alguien está fumando marihuana”, dijo Sabalenka a la árbitra Eva Asderaki-Moore, antes de pedirle que interviniera porque el olor era “muy fuerte”. El juego se reanudó poco después y la interrupción no alteró el desenlace: la primera cabeza de serie ganó por 6-3 y 6-4, asegurando su pase a la cuarta ronda del último torneo de Grand Slam de la temporada.

Una queja breve, pero suficiente para detener el partido
El incidente ocurrió durante el segundo juego de servicio de Sabalenka, en una fase temprana del encuentro en la que la jugadora ya había impuesto el ritmo. Su reclamación no estuvo relacionada con una decisión arbitral ni con una incidencia dentro de la pista, sino con una condición ambiental que, según dejó claro, estaba afectando a su concentración.
En el tenis profesional, donde los puntos se disputan en un entorno sometido a estrictas reglas de silencio y comportamiento del público, los olores intensos forman parte de las distracciones menos visibles y más difíciles de controlar. A diferencia de un grito o de un movimiento en las gradas, el humo puede desplazarse sin que los responsables del torneo puedan identificar de inmediato su origen.
Sabalenka mantuvo la concentración después de formular la queja. Aunque Rakhimova intentó mantenerse en el partido, la bielorrusa conservó la ventaja construida al inicio y cerró cada set sin permitir que la interrupción se convirtiera en un punto de inflexión. El resultado confirma además la distancia competitiva que existe entre una líder del circuito y una rival que afrontaba una de las mayores exigencias de su carrera.
El problema no empieza ni termina con Sabalenka
El olor a cannabis se ha convertido en una presencia recurrente, aunque no deseada, en Flushing Meadows. En años anteriores, otras tenistas ya habían expresado su malestar por una situación que puede aparecer durante los partidos y distraer a las jugadoras en momentos especialmente sensibles, como los turnos de saque o los desempates.
La particularidad del Abierto de Estados Unidos es su ubicación. El complejo de tenis se encuentra junto al parque Flushing Meadows-Corona, un espacio público amplio y de gran circulación. Aunque está prohibido fumar dentro del recinto del torneo, el humo originado fuera de sus límites puede llegar a las pistas, especialmente cuando las condiciones de viento lo favorecen.
El marco legal de Nueva York añade una dificultad práctica. El consumo recreativo de cannabis está permitido para los mayores de 21 años en el estado, pero esa autorización no se extiende automáticamente a todos los espacios ni elimina las restricciones propias de una instalación deportiva. El torneo puede controlar lo que ocurre dentro de sus accesos, sus gradas y sus zonas operativas; tiene, en cambio, una capacidad mucho más limitada para controlar actividades desarrolladas en el parque que lo rodea.
La frontera entre una molestia y una cuestión de organización
El episodio expone una tensión que afecta a muchos grandes acontecimientos deportivos urbanos: la experiencia del público y la protección de los competidores no siempre quedan contenidas dentro de los límites físicos del recinto. Las normas internas pueden ser claras, pero su eficacia depende también de factores externos, desde el ruido del entorno hasta la calidad del aire y los olores que se filtran hacia las instalaciones.
Para los jugadores, el asunto no es meramente anecdótico. El tenis exige rutinas de concentración muy precisas y deja poco margen para estímulos inesperados. Un olor intenso puede provocar incomodidad, desviar la atención o generar dudas sobre si la situación debe comunicarse al juez de silla. La reacción de Sabalenka muestra que, al menos en determinadas circunstancias, una perturbación ambiental puede alcanzar el umbral suficiente para justificar una pausa oficial.
La dificultad para resolver el problema reside en que cualquier respuesta debe equilibrar varios intereses. Una intervención excesiva podría ralentizar el partido o convertir una distracción puntual en un incidente mayor. Ignorarla, por el contrario, transmitiría a las jugadoras que deben soportar condiciones que el torneo no toleraría si se produjeran dentro de las gradas, como el humo de un cigarrillo o una conducta deliberadamente perturbadora.
Un detalle revelador en un torneo de máxima exposición
La victoria de Sabalenka hizo que la incidencia quedara en segundo plano desde el punto de vista deportivo, pero su valor informativo va más allá del resultado. En un torneo seguido por millones de personas y disputado en una de las ciudades más densas del mundo, un episodio aparentemente menor puede revelar los límites de la organización y la complejidad de gestionar un recinto abierto a su entorno.
Por ahora, no se informó de una medida específica adoptada durante el encuentro para localizar el origen del olor o impedir que volviera a llegar a la pista. La cuestión, sin embargo, probablemente seguirá apareciendo mientras persista la combinación de un gran parque público, una normativa estatal permisiva y un evento que exige condiciones de concentración extraordinarias.
Sabalenka terminó imponiéndose sin ceder un set y avanzó a la cuarta ronda. La escena de la jugadora deteniendo momentáneamente el partido para alertar sobre el olor quedó como una muestra de que, incluso en el escenario más controlado del tenis internacional, factores ajenos al juego pueden irrumpir en la competición y obligar a los organizadores a responder.
