Carlos Alcaraz ya está en los octavos de final del US Open tras vencer al chino Yibing Wu por 6-3, 6-4 y 6-1. El marcador concede una apariencia de control rotundo, pero el desarrollo del encuentro dejó una lectura más matizada: el español resolvió su compromiso sin ceder sets, aunque atravesó fases de irregularidad que elevaron el coste competitivo de un partido que, por jerarquía y superficie, aspiraba a dominar con mayor continuidad. El defensor del título necesitó dos horas y 20 minutos para instalarse entre los 16 mejores del torneo neoyorquino.
Una victoria construida desde la capacidad de reacción
El número de errores no forzados, 33, explica buena parte de la incomodidad que experimentó Alcaraz. Su derecha, habitualmente una fuente de iniciativa y daño, no mantuvo la precisión esperada durante varios tramos. Sin embargo, el encuentro también confirmó una de sus virtudes más valiosas en los Grand Slams: aun lejos de su versión más fluida, encontró recursos para sostenerse en los puntos decisivos y recuperar la dirección del partido cuando Wu amenazó con equilibrarlo.
El primer set dibujó ese patrón. Alcaraz logró una rotura temprana y dispuso de un 15-40 que podía haber abierto una brecha considerable. Wu salvó esa situación, recuperó después el servicio perdido y ganó confianza para disputar los intercambios. La reacción española fue inmediata. En vez de prolongar la frustración por la oportunidad desaprovechada, Alcaraz volvió a imponer presión desde la devolución y cerró la manga con dos quiebres, una respuesta que evitó que el partido derivara hacia un escenario de incertidumbre.

El segundo set concentró las señales de alerta
La segunda manga fue el tramo más inestable del murciano. Tras romper de inicio, Alcaraz comenzó a encadenar golpes imprecisos y permitió que Wu volviera a entrar en el encuentro. El chino dispuso de una bola de rotura con 3-3 y aprovechó la falta de consistencia de su rival para discutirle la iniciativa. El campeón, que llegó a mostrar su enfado en la Arthur Ashe, salvó ese momento comprometido y respondió con un nuevo quiebre que le permitió tomar una ventaja de dos sets.
El dato de las siete bolas de rotura concedidas y los dos servicios perdidos refleja que el triunfo no fue una exhibición de solidez al saque. También cometió cuatro dobles faltas, una cifra relevante en un partido de tres sets ante un adversario sin condición de cabeza de serie. No obstante, el contraste entre las ocasiones entregadas y el resultado final ilustra su capacidad para defender los juegos importantes: Wu generó amenazas, pero no logró convertirlas en una dinámica sostenida ni consolidar una ventaja emocional.
Wu compitió mientras tuvo opciones de alterar el guion
El tenista chino no se limitó a esperar los errores del favorito. Su recuperación en el primer set y su resistencia en el segundo acreditaron una propuesta suficiente para obligar a Alcaraz a jugar con atención. Su última gran oportunidad llegó al comienzo del tercer parcial, cuando desperdició un 15-40. Esa ocasión tenía un peso estratégico considerable: un quiebre temprano habría prolongado las dudas del español y habría trasladado presión a un encuentro que, hasta entonces, se resolvía con márgenes estrechos pese al 2-0 global.
Alcaraz sostuvo el saque y el efecto fue inmediato. Wu perdió parte de su resistencia competitiva, mientras el español encontró por fin una versión más fiable y redujo la exposición al error. El 6-1 final no borra las dificultades previas, pero sí muestra la diferencia entre un jugador capaz de corregirse dentro del partido y un rival que necesitaba aprovechar cada ventana para mantener la igualdad. En torneos de dos semanas, esa gestión de los momentos bajos puede ser tan determinante como una actuación brillante.
Tommy Paul eleva el nivel de exigencia
El siguiente rival será el estadounidense Tommy Paul, vigésimo cabeza de serie y el primer jugador con esa condición al que se medirá Alcaraz en esta edición. El cruce supone un cambio de contexto. Paul conoce bien la pista dura, cuenta con el respaldo del público local y ha sido un adversario incómodo para el español en enfrentamientos anteriores. Su movilidad, su capacidad para absorber ritmo desde el fondo y su mayor experiencia en intercambios de alta intensidad exigirán una ejecución más estable.
La principal corrección para Alcaraz pasa por limitar los errores de derecha y proteger con mayor consistencia sus turnos de servicio. Frente a Wu, pudo compensar las desconexiones con aceleraciones puntuales y superioridad en los pasajes decisivos. Ante Paul, ceder tantas bolas de rotura puede resultar más costoso, porque el estadounidense dispone de más herramientas para sostener una ventaja y convertir el partido en una batalla física y táctica de larga duración.
El título sigue siendo una opción, pero el torneo entra en otra fase
La clasificación para octavos mantiene intacto el objetivo del español de defender el trofeo en Nueva York y confirma que ha sabido transitar la primera semana sin el desgaste de un cuarto set. A la vez, el partido ante Wu deja una advertencia útil antes de la fase de mayor exigencia: el resultado basta para avanzar, pero no necesariamente para medir el nivel competitivo requerido frente a los rivales de mayor entidad. Alcaraz sigue en carrera y conserva margen para crecer; su desafío inmediato será transformar esa capacidad de supervivencia en una versión más constante cuando el US Open empiece a exigirle precisión en cada tramo del partido.
