El primer amistoso de la 41a edición de Sesiones AFE dejó un resultado previsible en el marcador y mucho más revelador en el contexto: la selección del sindicato de futbolistas arrancó su concentración con una victoria por 2-0 ante el Benidorm, un rival de Lliga Comunitat, en las instalaciones de Bonalba Golf, en Mutxamel. Más allá del valor estadístico, el partido confirmó la utilidad de este tipo de encuentros como termómetro inicial para una plantilla construida en poco tiempo, con jugadores de perfiles y trayectorias distintas, y con la obligación de convertir la convivencia en rendimiento casi de inmediato.
Sesiones AFE no es una pretemporada convencional. Su razón de ser es ofrecer una plataforma de trabajo y exposición a futbolistas sin equipo, con contratos en transición o en búsqueda de reenganche competitivo. En ese marco, cada sesión y cada partido cumplen una doble función: preparar físicamente a la plantilla y, al mismo tiempo, presentar a los jugadores ante clubes que siguen el mercado con atención. La victoria ante el Benidorm se entiende mejor si se observa desde esa lógica. El equipo de Óscar de Paula no solo ganó; mostró orden, superioridad en el juego y una eficacia que suele marcar diferencias en entornos donde el tiempo de ensamblaje es limitado.

El desarrollo del encuentro explicó buena parte de su valor. Buyla abrió el marcador a los ocho minutos con un remate preciso desde la frontal, tras asistencia de Aitor Pascual, una acción que resume bien el tipo de ventaja que suele separar a una selección de futbolistas en fase de activación de un rival semiprofesional: técnica individual, lectura rápida y menor margen de error en las áreas. El segundo tanto, ya en el minuto 78, llegó por un fallo del portero del Benidorm y lo firmó Marco Martínez. La secuencia es importante porque muestra dos vías de eficacia: una construcción limpia del gol y una presión sostenida que fuerza el error ajeno cuando el partido entra en su tramo más físico y menos controlado.
Ese patrón tiene implicaciones que van más allá del resultado puntual. Para AFE, un buen arranque ayuda a consolidar el valor del proyecto ante agentes, técnicos y directores deportivos que observan estas concentraciones como un mercado de oportunidades. En el fútbol actual, donde la ventana de fichajes y la urgencia por cubrir bajas castigan a los jugadores en desempleo deportivo, estos partidos funcionan casi como audiciones públicas. Un centrocampista que sostiene el ritmo, un delantero que detecta espacios o un central que impone jerarquía pueden reinsertarse en la competición a partir de actuaciones como esta. El gol de Buyla y la aparición de Marco Martínez en la recta final no son solo anotaciones; son señales de competitividad en un escaparate concreto.
También hay un efecto menos visible, pero relevante, sobre la salud estructural del ecosistema futbolístico. La existencia de sesiones como estas evidencia que el mercado no absorbe por sí solo a todos los futbolistas disponibles, ni siquiera en categorías profesionales o semiprofesionales. AFE actúa, en la práctica, como amortiguador de una fricción habitual: la distancia entre el final de una temporada y el siguiente contrato. En ese intervalo, la pérdida de forma y de visibilidad puede dejar fuera a jugadores con nivel suficiente para seguir compitiendo. Un programa como este reduce ese riesgo y evita que una carrera se interrumpa por motivos meramente logísticos.
El Benidorm, por su parte, aportó el tipo de oposición que da sentido al ensayo. Aunque el equipo de la Lliga Comunitat quedó por debajo en el marcador y en la producción ofensiva, este tipo de partidos también le permiten medir automatismos frente a futbolistas con experiencia diversa y mayor ritmo competitivo acumulado. En el fútbol regional, enfrentarse a una selección de AFE no es una excursión testimonial: sirve para contrastar intensidad, ajustar líneas defensivas y detectar carencias ante rivales que castigan cualquier pérdida. La diferencia de categorías no anuló la utilidad del duelo; la hizo más legible.
La elección de Bonalba Golf como sede añade otra capa de lectura. AFE convierte un espacio de concentración en punto de encuentro entre preparación deportiva y proyección profesional. El entorno no es accesorio: ayuda a sostener una dinámica de trabajo que combina entrenamiento, observación técnica y competitividad real, sin la presión inmediata de una liga. Esa fórmula se ha consolidado porque responde a una necesidad concreta del fútbol español, donde cada verano y cada invierno quedan jugadores fuera del circuito principal. Mientras esa inercia continúe, proyectos de este tipo seguirán siendo necesarios para evitar que el talento se diluya en el paréntesis entre temporadas.
Lo que ocurra en el próximo duelo ante el Alcoyano, un rival de Segunda RFEF con mayor peso competitivo, servirá para medir la profundidad real de esta plantilla y la madurez del trabajo iniciado. Pero la primera conclusión ya es nítida: la utilidad de Sesiones AFE no depende de convertir cada partido en un escaparate brillante, sino de sostener un entorno donde el futbolista pueda competir, corregir y volver a ser legible para el mercado. En un deporte cada vez más dependiente de la inmediatez, esa función de reinserción deportiva tiene un valor estructural que rara vez aparece en el titular, pero que sostiene buena parte del fondo del sistema.
