El 18 de julio de 1936 marcó un punto de inflexión en la vida española, y la plaza de la Maestranza de Sevilla no permaneció al margen de los acontecimientos. Noventa años después, los registros taurinos de aquella primavera y el otoño posterior revelan cómo la actividad de los toros se adaptó a un escenario político convulso sin perder su identidad local.
El contexto previo al alzamiento
La temporada sevillana había comenzado con normalidad relativa. El festival a beneficio de la mutua de la Vejez del Toreo reunió a figuras como Perlacia, los hermanos Bienvenida y Gitanillo de Triana. El Domingo de Resurrección, 12 de abril, se celebró la primera novillada oficial. Pascual Márquez, conocido como el Tesoro de la Isla, y Torerito de Triana protagonizaron un duelo que dividió opiniones entre la afición. Ambos cortaron dos orejas y un rabo, mientras el presidente de la República, Diego Martínez Barrio, presenciaba el festejo desde el palco del Príncipe.
La Feria de Abril se redujo a tres corridas de toros y una novillada adicional. Marcial Lalanda, Domingo Ortega y Chicuelo desfilaron por los tendidos. Manolo Bienvenida logró el mayor éxito al cortar un rabo a un toro de Joaquín Murube. El presidente de la Generalitat de Cataluña, Lluís Companys, acompañó a Martínez Barrio en el festejo de clausura, donde Márquez y Torerito volvieron a medir fuerzas.
La interrupción del 18 de julio
Tras la Feria, se programaron ocho novilladas más antes del estallido del conflicto. El último festejo, celebrado el día del Carmen en beneficio de los afectados por las lluvias, anunció de nuevo a la pareja de novilleros junto a Antonio Pazos. Dos días después, el alzamiento militar paralizó toda actividad en la plaza. Una mojiganga prevista para aquella noche, con Loquillo de Triana en el cartel, quedó suspendida.

El aeródromo de Tablada cayó bajo control de las tropas sublevadas el mismo 18 de julio, lo que permitió establecer el puente aéreo con el Protectorado de Marruecos. La Maestranza permaneció cerrada durante tres meses mientras la ciudad experimentaba una represión inmediata tras la breve resistencia.
La reapertura en octubre
El 18 de octubre se celebró la llamada corrida patriótica, primer festejo tras la interrupción. Las tablas de la barrera fueron repintadas en rojo y gualda. Antonio Cañero y Pepe el Algabeño actuaron a caballo, mientras Juan Belmonte, Manolo Bienvenida, Domingo Ortega, Víctor de la Serna y Venturita lidiaron a pie. Los novilleros Diego de los Reyes y Pascual Márquez completaron el cartel. Belmonte cortó su última oreja en su carrera profesional durante esa tarde.
Manolo Bienvenida pintó en su muleta un lema que quedó asociado a la jornada. El general Queipo de Llano asistió al espectáculo, asesorado por toreros retirados como Antonio Fuentes y Machaquito. Pepe el Algabeño, hijo del maestro, participó a caballo y moriría dos meses después en el frente de Lopera mientras cumplía órdenes del mismo general.
El cierre de la temporada
El 13 de diciembre un festival a beneficio de la cabalgata del Ateneo reunió a José Casimiro de Almeida, Antonio Márquez, Fuentes Bejarano, Domingo Ortega, José Ignacio Sánchez Mejías y Juanito Belmonte. Con este acto concluyó la actividad taurina sevillana de 1936. Quedaban aún tres años de guerra por delante.
Los datos de aquella temporada muestran una continuidad parcial de los espectáculos pese a la violencia. Los nombres de Bienvenida y Márquez, ambos con trayectorias truncadas por circunstancias posteriores, ilustran cómo el mundo del toro reflejó las divisiones y los cambios que atravesaron la sociedad sevillana en el verano de 1936.
