Tijl Smitz, presidente de World Climbing Europe, acudió al Circuit de Barcelona-Catalunya para seguir de cerca las semifinales y la final de la prueba de Boulder del World Climbing Championship celebrada dentro de GRAVITEO, el festival de deportes urbanos organizado por Prensa Ibérica, Sport y El Periódico. Entre las rondas de competición, Smitz ofreció a SPORT una valoración detallada sobre el evento y la trayectoria de la escalada deportiva en los últimos años.
Transformaciones desde los Juegos Olímpicos
La inclusión de la escalada en el programa olímpico ha modificado profundamente las estructuras del deporte. En Tokio se compitió en un formato combinado de tres disciplinas, lo que obligó a los atletas a desarrollar perfiles muy versátiles. Posteriormente se separaron el boulder y la velocidad, y para Los Ángeles 2028 cada disciplina tendrá su propio medallero. Este cambio exige una planificación de entrenamientos más especializada y refuerza el profesionalismo de los equipos nacionales. Smitz señaló que los deportistas deben adaptarse continuamente a nuevas reglas y formatos, lo que ha elevado el nivel técnico y físico de las competiciones internacionales.
El crecimiento del número de rocódromos en todo el continente refleja el interés creciente del público. Muchas instalaciones han surgido en ciudades medianas y pequeñas, permitiendo que personas sin experiencia previa accedan a la práctica regular. Esta expansión territorial facilita la detección temprana de talento y amplía la base de participantes que luego compiten en circuitos juveniles y absolutos.
El papel de GRAVITEO como plataforma de difusión
GRAVITEO reúne varias disciplinas urbanas en un mismo recinto, lo que genera un público diverso que llega atraído por diferentes actividades. Para la escalada, este formato representa una oportunidad de captar espectadores que desconocían el deporte o que solo lo habían visto de manera esporádica. Smitz destacó que la presencia de múltiples modalidades favorece el contacto directo entre el público y los atletas, creando un ambiente que motiva a los asistentes a probar la escalada por sí mismos.

El evento también sirve como escaparate para las federaciones nacionales, que pueden mostrar sus programas de formación y los resultados de sus deportistas más jóvenes. La combinación de competición de alto nivel con actividades participativas refuerza la imagen inclusiva de la escalada y ayuda a desmitificarla como una práctica reservada solo a deportistas de élite.
El nivel español y su proyección futura
España cuenta con una trayectoria consolidada en la escalada de competición. Nombres como Patxi Usobiaga y Ramón Julián marcaron época en la década pasada, y recientemente Alberto Ginés se proclamó primer campeón olímpico español en la disciplina. Smitz considera que este historial demuestra una capacidad sostenida de generar resultados de primer nivel. Además, el aumento de competiciones nacionales para categorías juveniles está permitiendo que más jóvenes visualicen una posible carrera deportiva en la escalada, lo que amplía el relevo generacional.
La organización de eventos de mayor envergadura dentro del país contribuye a que los deportistas españoles compitan con regularidad frente a rivales europeos de primer orden. Esta experiencia acumulada resulta clave para mantener el rendimiento en los campeonatos continentales y mundiales.
Desafíos del ciclo hacia Los Ángeles 2028
La separación de las tres disciplinas en los próximos Juegos Olímpicos plantea tanto una oportunidad como un reto logístico. Cada federación deberá ajustar sus programas de preparación para maximizar el rendimiento en las especialidades individuales. Al mismo tiempo, la inclusión de la paraescalada por primera vez en los Paralímpicos añade una dimensión de diversidad que Smitz valora positivamente, ya que refuerza el carácter inclusivo del deporte.
El presidente de World Climbing Europe insistió en que el crecimiento actual no debe darse por sentado. El aumento de instalaciones y participantes exige una mayor coordinación entre federaciones nacionales para garantizar la calidad de los entrenadores, la seguridad de las competiciones y la sostenibilidad de los proyectos de base. Estos elementos serán determinantes para que la escalada mantenga su ritmo de desarrollo durante el ciclo olímpico que culmina en 2028.
