La propuesta del príncipe jordano Ali Bin Al Hussein de eliminar el voto secreto en las elecciones presidenciales de la FIFA introduce un debate profundo sobre la gobernanza del fútbol mundial. Esta iniciativa surge en un contexto de renovada atención a la integridad institucional, especialmente tras las elecciones de 2016 y las reelecciones posteriores de Gianni Infantino. El cambio sugerido busca alinear las votaciones presidenciales con otras decisiones ya transparentes, como la elección de sedes para la Copa del Mundo, pero su alcance trasciende lo procedimental y afecta directamente las dinámicas de poder entre las asociaciones miembro.
Avances en la rendición de cuentas
La adopción de votaciones abiertas permitiría que los presidentes de federaciones nacionales justifiquen ante sus propios electores las decisiones tomadas en el Congreso de la FIFA. Esta visibilidad podría fortalecer la legitimidad de los dirigentes regionales, ya que sus afiliados, jugadores y patrocinadores tendrían acceso a información clara sobre alineaciones políticas. Asociaciones de menor tamaño, que históricamente han operado con menor influencia, podrían beneficiarse al demostrar coherencia entre sus mandatos locales y sus posiciones internacionales, reduciendo la percepción de decisiones arbitrarias tomadas en privado.
Además, la transparencia podría actuar como mecanismo disuasorio contra prácticas de intercambio de favores que han caracterizado episodios pasados. Al eliminar el anonimato, se reduce el espacio para promesas no verificables que, según denuncias recurrentes, han influido en resultados electorales. Esta dinámica podría contribuir a una cultura institucional donde los candidatos deban presentar plataformas más detalladas y sujetas a escrutinio público, elevando el nivel del debate sobre el futuro del deporte.
Presiones potenciales sobre las asociaciones
Sin embargo, la eliminación del voto secreto conlleva riesgos concretos de coerción. Las federaciones más pequeñas, dependientes de programas de desarrollo financiados por la FIFA, podrían enfrentar represalias implícitas si sus votos no coinciden con las preferencias de los bloques dominantes. La historia del organismo muestra que las relaciones de poder no siempre son simétricas, y la exposición pública de preferencias electorales podría amplificar la capacidad de actores influyentes para condicionar apoyos futuros en infraestructura o torneos.
Este escenario se complica cuando se considera la diversidad de contextos políticos y económicos de las 211 asociaciones miembro. En regiones donde la autonomía federativa es limitada por gobiernos nacionales, la visibilidad del voto podría exponer a dirigentes a presiones externas adicionales, transformando una medida pensada para protegerlos en un factor de vulnerabilidad. La ausencia de mecanismos complementarios de protección, como votaciones por bloques regionales o auditorías independientes, deja abierta la posibilidad de que la transparencia derive en mayor conformismo en lugar de mayor independencia.

Repercusiones en el equilibrio de poder
El cambio propuesto alteraría también la forma en que se construyen mayorías. Actualmente, el voto secreto permite alianzas temporales basadas en intereses compartidos sin exponer fracturas internas. Con votaciones abiertas, los bloques regionales podrían consolidarse o fragmentarse según la visibilidad de sus posiciones, afectando la capacidad de candidaturas independientes para competir. Infantino ha sido reelegido sin oposición efectiva en las últimas ocasiones, y una mayor transparencia podría tanto facilitar como obstaculizar la emergencia de alternativas, dependiendo de cómo se perciban las consecuencias de disentir.
Desde otra perspectiva, la medida podría incentivar una mayor profesionalización de las campañas electorales. Los candidatos tendrían que articular propuestas que resistan el escrutinio detallado de todas las asociaciones, lo que podría desplazar el foco desde negociaciones bilaterales hacia debates públicos sobre gobernanza, arbitraje o distribución de ingresos. No obstante, esta evolución no está garantizada y podría verse limitada si las asociaciones optan por alinearse con el statu quo para evitar riesgos reputacionales o financieros.
Incertidumbres en la implementación futura
La transición hacia votaciones abiertas plantea interrogantes sobre los procedimientos técnicos y legales necesarios. La FIFA tendría que modificar sus estatutos en el Congreso de 2027 en Rabat, un proceso que requiere mayoría calificada y que podría generar tensiones entre los miembros del Consejo. Además, no existe claridad sobre si la transparencia se aplicaría solo a la elección presidencial o se extendería a otros cargos, lo que afectaría la coherencia del sistema de gobernanza en su conjunto.
Otro factor de incertidumbre radica en la reacción de las confederaciones continentales. La AFC, representada por Salman bin Ebrahim al Khalifa, ha mantenido una posición influyente en los últimos años, y cualquier modificación en las reglas electorales podría reconfigurar alianzas regionales de manera impredecible. La falta de precedentes recientes en organismos deportivos internacionales de similar escala añade complejidad a la evaluación de resultados a mediano plazo.
Observaciones sobre el equilibrio necesario
La propuesta de Ali Bin Al Hussein plantea una tensión inherente entre la exigencia de rendición de cuentas y la protección de la autonomía de voto. Las experiencias pasadas de corrupción en la FIFA demuestran la necesidad de mecanismos que reduzcan el secretismo excesivo, pero la aplicación de transparencia total sin salvaguardas complementarias podría generar efectos contrarios a los buscados. Las asociaciones miembro enfrentan la tarea de evaluar si los beneficios en legitimidad compensan los riesgos de exposición en un entorno donde las relaciones de poder siguen siendo desiguales. El debate abierto sobre estas cuestiones antes de 2027 podría contribuir a diseñar un marco más robusto que combine visibilidad con protección efectiva.
