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UEFA presiona por renuncia de Infantino en FIFA

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La decisión de la FIFA de retirar el proyecto FIFA Forward Enterprise ha desencadenado una crisis de confianza sin precedentes entre la UEFA y Gianni Infantino. Según reportes del diario británico The Telegraph, el organismo europeo considera que el presidente ha perdido el respaldo necesario para liderar el fútbol mundial y reclama su salida del cargo. Esta postura marca el mayor desafío político para Infantino desde su elección en 2016 y expone las tensiones estructurales entre las confederaciones.

La retirada del proyecto como punto de inflexión

El conflicto surgió cuando la FIFA propuso crear una entidad que agrupara los principales derechos comerciales de la Copa del Mundo para vender hasta el 20 por ciento a inversores privados. La iniciativa, valorada en unos 20.000 millones de dólares, buscaba aumentar los ingresos para las federaciones miembro, pero carecía de mecanismos claros de consulta. La UEFA, junto con otras confederaciones y altos funcionarios internos, rechazó la idea por su opacidad y por el riesgo de ceder control sobre activos estratégicos a fondos de inversión. Infantino se vio obligado a dar marcha atrás, reconociendo que la propuesta había dividido a las asociaciones y amenazaba la unidad del organismo.

Este retroceso no calmó las aguas. La UEFA interpreta que el daño institucional ya es irreversible. La falta de transparencia en la elaboración del plan reveló una forma de toma de decisiones centralizada que choca con las expectativas europeas de gobernanza compartida. Varios dirigentes continentales sostienen que Infantino ya no representa un liderazgo capaz de conciliar intereses globales.

Reconfiguración de alianzas entre confederaciones

El respaldo que Infantino mantiene en Asia, África y América contrasta con el rechazo europeo. Esta división geográfica refleja un cambio de equilibrios que se viene gestando desde la expansión de la Copa del Mundo a 48 equipos. Mientras las federaciones de ingresos medios valoran los recursos adicionales prometidos por la FIFA, las europeas priorizan la protección de sus propias ligas y competiciones comerciales. La UEFA percibe que cualquier venta parcial de derechos podría erosionar el valor de la Champions League y otras propiedades locales.

La crisis actual obliga a revisar cómo se distribuyen los ingresos dentro de la FIFA. Históricamente, las confederaciones europeas han aportado la mayor parte de los fondos, pero también han recibido menor proporción relativa en los programas de desarrollo. Este desequilibrio alimenta la desconfianza y explica por qué la UEFA exige reformas profundas en los procesos de decisión antes de aceptar cualquier nuevo proyecto financiero.

Implicaciones para la credibilidad institucional

La demanda de renuncia va más allá de una disputa personal. Representa una señal de que el modelo de liderazgo vigente desde 2016 ha alcanzado sus límites. Infantino logró ampliar el alcance global de la FIFA, pero la gestión de proyectos de gran escala ha mostrado fragilidades en la consulta previa y en la evaluación de riesgos políticos. La fractura con la UEFA podría traducirse en menor cooperación para torneos futuros y en bloqueos a iniciativas que requieran unanimidad continental.

Desde la perspectiva de las federaciones asiáticas y africanas, el retiro del proyecto FFE representa una oportunidad perdida para obtener recursos adicionales sin aumentar cuotas. Sin embargo, reconocen que una ruptura abierta con Europa complicaría la organización de eventos como el Mundial 2030, que involucra sedes en tres continentes. Esta tensión entre necesidades financieras inmediatas y estabilidad institucional a largo plazo define el dilema actual.

Riesgos de fragmentación y escenarios futuros

Uno de los riesgos más evidentes es la posible formación de bloques paralelos. Si la UEFA decide limitar su participación en programas conjuntos o retrasa aprobaciones para competiciones intercontinentales, la FIFA perdería capacidad de ejecución. Otro riesgo reside en la próxima elección presidencial: aunque Infantino cuenta con votos suficientes en varias confederaciones, una candidatura europea alternativa podría consolidarse si el apoyo continental se mantiene firme.

La presión de la UEFA también podría acelerar reformas estatutarias que limiten el poder del presidente y refuercen los mecanismos de control por parte de las confederaciones. Tales cambios, si se materializan, alterarían el equilibrio de poder que Infantino ha mantenido durante casi una década. El desenlace dependerá de si las partes logran negociar una transición ordenada o si la confrontación se prolonga hasta las próximas asambleas generales.

El episodio deja claro que la gobernanza del fútbol mundial ya no puede depender de acuerdos informales entre la presidencia y grupos regionales. La transparencia en proyectos financieros y la inclusión efectiva de todas las voces confederadas se han convertido en condiciones mínimas para evitar nuevas crisis de confianza.

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