Ángel María Villar, expresidente de la Real Federación Española de Fútbol, ha salido en defensa de Gianni Infantino en medio de la creciente controversia en torno al Mundial 2030, una cita que, por ahora, está prevista para celebrarse en España, Portugal y Marruecos. En una entrevista concedida a OKDIARIO, el exdirigente cuestiona la dureza de las críticas dirigidas al presidente de la FIFA y sostiene que su balance al frente del organismo internacional es, en conjunto, más positivo que negativo.
La discusión se intensificó después de que el diario británico The Times publicara que Infantino habría entregado la final del campeonato a Marruecos como gesto para reforzar su apoyo en el proceso interno de la FIFA. La información provocó reacciones de rechazo en distintas confederaciones y entre responsables políticos, entre ellos el primer ministro canadiense, Mark Carney. Ese clima de desconfianza ha alimentado una nueva crisis de credibilidad alrededor del torneo, todavía en fase de diseño institucional y con varias decisiones estratégicas sin cerrar.

Un apoyo explícito al presidente de la FIFA
Villar se muestra particularmente crítico con la reacción pública contra Infantino. Lo describe como “un buen tipo” y subraya que para sostener la presidencia de la FIFA hace falta “mucho carácter”. A su juicio, algunas de las decisiones del dirigente suizo pueden ser discutibles, pero no justifican el nivel de reproche que ha generado su gestión en las últimas semanas. “Está recibiendo críticas feroces por algo que, a mi parecer, no ha hecho tan mal”, resume.
Entre las acusaciones que pesan sobre Infantino figura la supuesta voluntad de convertir el Mundial 2030 en una operación de negocio mediante la venta del 20% de los derechos a través de FIFA Forward Enterprise, por un valor de 4.200 millones de euros. Villar no entra a discutir el detalle financiero, pero sí relativiza el alcance de la polémica. Reconoce que el presidente de la FIFA “también es humano y se puede equivocar”, y reta a sus detractores a demostrar que no han cometido fallos comparables. En esa línea, sostiene que, al poner su mandato “en una balanza”, el saldo general resulta más favorable que adverso.
Su lectura es relevante porque procede de una figura histórica del fútbol español y de alguien que conoce de primera mano el peso político de las relaciones entre federaciones. En un contexto de alta tensión institucional, este tipo de apoyos no modifica por sí solo el rumbo de la FIFA, pero sí refleja que parte del viejo aparato federativo sigue interpretando el conflicto desde una lógica de gobernabilidad más que de ruptura. Esa mirada choca con la de quienes creen que la federación internacional ha cruzado una línea al mezclar el reparto de sedes con la búsqueda de apoyos geopolíticos.
La final, el reparto de sedes y el ruido institucional
La otra fuente de fricción es la supuesta oferta de la final del Mundial 2030 a Marruecos a cambio de respaldos en la asamblea y del apoyo de federaciones africanas. La hipótesis, divulgada en medio de un proceso ya de por sí delicado, ha elevado la presión sobre la FIFA y ha reabierto el debate sobre el equilibrio real entre los países organizadores. Algunas voces dentro del ecosistema futbolístico han llegado incluso a plantear escenarios de ruptura, con la UEFA advirtiendo sobre una posible retirada de sus selecciones del próximo campeonato, una amenaza de enorme impacto aunque todavía de alcance incierto.
Villar rebaja ese riesgo y confía en una salida negociada. Afirma que “tarde o temprano habrá una reconciliación entre la UEFA y la FIFA” y descarta que Europa no vaya a disputar el siguiente Mundial. Su lectura es menos alarmista que la de otros dirigentes, pero también revela que el conflicto ya no es solo deportivo: afecta a la arquitectura de poder del fútbol mundial y a la legitimidad de las decisiones que rodean a la Copa del Mundo de 2030, el primer torneo de la historia que se celebrará en dos continentes.
Sobre la sede de la final, Villar evita cerrar una posición tajante. Dice que quiere que el partido decisivo se juegue en España, aunque admite que la prioridad debe ser “hacer lo mejor para el fútbol mundial”. La candidatura, compartida con Portugal, Marruecos, Argentina, Uruguay y Paraguay, abre además un debate de fondo: la complejidad de una organización multinacional puede ampliar el alcance simbólico del torneo, pero también multiplica las tensiones en torno a los hitos de mayor valor político y comercial. En ese marco, la RFEF, según Villar, tendrá sus motivos para haber optado por una propuesta conjunta, aunque él recuerda que España ya demostró en el pasado que puede organizar un Mundial en solitario.
