Paulo César Wanchope y Alexandre Guimaraes coincidieron en que el fútbol de Costa Rica atraviesa una de sus etapas más complejas de las últimas décadas. La advertencia surgió durante la entrevista más reciente del programa One Chope, conducido por Wanchope y transmitido en YouTube, en un diálogo centrado en los problemas que afectan a los clubes, la Federación y la sostenibilidad de distintas organizaciones deportivas.
En uno de los fragmentos de la conversación, Wanchope le preguntó a Guimaraes si recordaba una crisis de características similares en el fútbol nacional. El exseleccionador y exjugador respondió inicialmente que no tenía presente un antecedente comparable. Después amplió su valoración y afirmó que, tanto por su experiencia dentro del país como por su trayectoria en el extranjero, no recordaba haber observado una etapa “tan complicada”.
Una crisis que, según ambos, supera a los resultados deportivos
La conversación no se concentró en el rendimiento de la Selección ni en una competición específica. Wanchope describió un escenario que, a su juicio, involucra problemas graves en varios niveles: clubes con dificultades, cuestionamientos a la Federación y equipos que incluso estarían cerca de desaparecer. El exdelantero añadió que la situación le preocupa particularmente por el impacto que puede tener sobre la estructura completa del deporte.
Guimaraes sostuvo que la sucesión de acontecimientos negativos ha debilitado la credibilidad del fútbol costarricense. En su análisis, esa pérdida de confianza no representa únicamente un problema institucional o de imagen, sino que puede producir consecuencias económicas y deportivas concretas. “Eso ahuyenta a patrocinadores, a buenos patrocinadores”, afirmó, al advertir que la menor llegada de recursos puede limitar las posibilidades de los clubes y de los proyectos de formación.

El exentrenador también relacionó la falta de respaldo con las decisiones que pueden tomar los jóvenes deportistas. Explicó que, ante un entorno que no ofrece suficientes garantías, algunos pueden optar por practicar otra disciplina. Wanchope complementó esa observación al señalar que en otros casos los muchachos podrían abandonar completamente el deporte, una posibilidad que ambos consideraron especialmente preocupante para el futuro del fútbol nacional.
El riesgo de perder talento y continuidad
La advertencia tiene una lógica que va más allá de la coyuntura inmediata. Cuando disminuyen los patrocinadores y se reducen las oportunidades para competir o entrenar, los clubes cuentan con menos capacidad para sostener divisiones menores, contratar personal especializado y ofrecer condiciones estables a sus futbolistas. Esa cadena puede afectar primero a las instituciones más frágiles y, posteriormente, reducir la cantidad de jugadores preparados para llegar al nivel profesional.
Sin embargo, Guimaraes también reconoció que existen excepciones. Mencionó los esfuerzos individuales de atletas, entrenadores y federaciones que, pese a recibir poco o ningún apoyo, continúan trabajando y consiguen resultados. Su comentario introdujo un matiz importante: la crisis señalada por ambos no implica que haya desaparecido la capacidad deportiva del país, sino que los logros parecen depender cada vez más de iniciativas aisladas y de la resistencia personal de quienes participan en ellas.
Wanchope atribuyó esos casos positivos a la existencia de estructuras organizadas. Según explicó, cuando hay planificación, orden y una ruta definida, los deportistas pueden identificar con mayor claridad el camino que deben seguir. Para el exjugador, el contraste entre esos proyectos y las dificultades generales demuestra que el talento todavía existe, pero necesita un marco institucional que le permita desarrollarse de forma constante.
Credibilidad, organización y responsabilidades pendientes
La conversación no identificó responsables concretos ni presentó cifras sobre deudas, desaparición de clubes, patrocinio o abandono deportivo. Por ello, las afirmaciones de Wanchope y Guimaraes deben entenderse como una evaluación crítica basada en su experiencia y no como un informe técnico sobre el estado de cada institución. Tampoco se incluyeron en el fragmento reacciones de la Federación, de los clubes mencionados o de los patrocinadores.
Aun así, sus declaraciones apuntan a un problema central: la credibilidad funciona como un vínculo entre las instituciones, la afición, las empresas y los futbolistas. Si ese vínculo se deteriora, las consecuencias pueden expresarse en menores ingresos, menos confianza para invertir y mayor incertidumbre para quienes dependen de la actividad. La discusión planteada en One Chope coloca así la estabilidad administrativa y la transparencia en el mismo nivel de importancia que los resultados obtenidos en la cancha.
Guimaraes cerró su intervención reiterando que hacía mucho tiempo no veía una situación tan complicada. Wanchope, por su parte, insistió en la preocupación por los clubes y por los jóvenes que podrían alejarse del fútbol. El diálogo no ofreció soluciones inmediatas, pero sí dejó expuesta una conclusión compartida: Costa Rica conserva personas y proyectos capaces de avanzar, aunque necesita recuperar organización, planificación y confianza para evitar que esos esfuerzos permanezcan aislados.
