River consiguió ante su gente el primer triunfo del Clausura y Eduardo Coudet encontró algo más valioso que tres puntos: tiempo. En un Monumental con 83.000 hinchas, el equipo venció, celebró el debut de Thiago Almada y disfrutó del estreno goleador de Ángel Correa. La victoria cortó una racha negativa que había colocado al entrenador bajo una presión creciente, especialmente después de que admitiera, tras la derrota ante Tigre, que asumiría las consecuencias si los resultados no aparecían.

Un triunfo que alivió la tensión
“Tenemos un equipazo”, repitió Coudet, convencido de que River puede jugar bien al fútbol pese a un comienzo condicionado por lesiones, incorporaciones tardías y la falta de una pretemporada completa. Según explicó, el plantel deberá adquirir ritmo mientras compite: las seis o siete semanas habituales de trabajo colectivo llegarán ahora durante los partidos. El técnico destacó además el compromiso de sus jugadores, a quienes atribuyó una parte central de su resistencia en el momento más delicado.
El entrenador también rechazó las versiones sobre conflictos internos y defendió la relación entre futbolistas, cuerpo técnico y dirigentes. Reconoció que en River no existe margen para pedir paciencia cuando se pierde, pero sostuvo que las dificultades de adaptación no implican una crisis institucional. La intervención del VAR, que derivó en el penal sobre Correa, y el remate de Hernán López Muñoz al travesaño fueron presentados como señales de una jornada en la que, por fin, la suerte acompañó.
La conferencia terminó con un tono desafiante. Coudet aseguró que pone “la cabeza” por su trabajo y cuestionó a quienes instalaron rumores sin asumir responsabilidades. Su discusión con el periodista Hernán Santarsiero reflejó que el alivio todavía convive con la tensión. River ganó, pero el resultado no resuelve todos sus problemas: le ofrece al entrenador el respaldo mínimo para continuar ensamblando un equipo renovado y demostrar si la confianza expresada puede convertirse en una regularidad.
