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White Sox retiran el 13 de Ozzie Guillén

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Chicago homenajeó este sábado a una de las figuras más influyentes de su historia reciente. Los White Sox retiraron el número 13 de Ozzie Guillén antes del partido frente a Cleveland, un reconocimiento que lo convierte en la decimotercera persona de la organización en recibir ese honor y en el primer exmánager cuya dorsal queda inmortalizada por el club.

La ceremonia se celebró en el Rate Field, donde el nombre y el número del venezolano fueron instalados de forma permanente en la fachada del segundo nivel del estadio. Guillén, de 62 años, acudió acompañado por su esposa Ibis y varios miembros de su familia, incluidos sus tres hijos, en un acto que reunió a antiguos compañeros, jugadores y al presidente del club, Jerry Reinsdorf.

Vestido con un traje oscuro y un pin de la bandera venezolana en la solapa, el excampocorto admitió el peso simbólico de la jornada. “Nunca estuve nervioso jugando béisbol. Nunca estuve nervioso dirigiendo béisbol. Pero hoy sí estoy muy, muy nervioso porque este es un momento diferente”, dijo durante el acto. También subrayó que no hablaba como mánager, sino como un hombre agradecido por una oportunidad que, en sus palabras, marcó su vida profesional y personal.

La presencia de A.J. Pierzynski y Paul Konerko, dos piezas centrales del equipo campeón de 2005, reforzó el carácter histórico del homenaje. Ambos lo presentaron frente al dugout, en una escena que conectó la memoria del único título de Serie Mundial que los White Sox han ganado en la era moderna con la figura del dirigente que lo hizo posible. Para la organización, el retiro del dorsal no solo reconoció resultados deportivos, sino una relación de más de cuatro décadas con un personaje que encarna distintas etapas del club.

De jugador premiado a mánager campeón

La trayectoria de Guillén con Chicago comenzó en 1985, cuando debutó con la franquicia y fue elegido Novato del Año de la Liga Americana a los 21 años. Permaneció 13 temporadas como jugador de los White Sox, ganó un Guante de Oro en 1990 y dejó números sólidos: 1,743 partidos de temporada regular, promedio de .265, 24 jonrones, 565 carreras impulsadas y 163 bases robadas. Después completó su carrera con Baltimore, Atlanta y Tampa Bay, y se retiró en 2000 con promedio de .264, 28 cuadrangulares y 619 impulsadas.

Su segunda etapa en Chicago llegó en el banquillo. Dirigió al equipo entre 2004 y 2011 y condujo a la organización a su título más reciente de Serie Mundial en 2005, al convertirse además en el primer mánager latino en ganar el Clásico de Otoño. En ocho temporadas acumuló marca de 678 victorias y 617 derrotas, una gestión que mezcló consistencia competitiva con una personalidad frontal que definió su relación con la afición y con la propia institución.

El peso del 13 y la lectura del homenaje

En su encuentro con los medios, Guillén explicó el valor que atribuye al número 13 dentro de su historia y de la cultura beisbolera venezolana. Dijo que lo eligió inspirado por Dave Concepción, histórico campocorto venezolano de Cincinnati, y mencionó a Ronald Acuña Jr. como heredero de esa tradición. “Creo que el 13 pertenece a mi país”, afirmó. También sostuvo que en Venezuela ese dorsal se considera de buena suerte, aun cuando en Estados Unidos esa asociación no siempre exista.

La ceremonia dejó una lectura más amplia que el gesto simbólico de retirar un número. Para los White Sox, fue una forma de fijar en la memoria del club la etapa más exitosa de su historia reciente y, al mismo tiempo, reconocer el peso de Guillén como jugador, mánager y figura identitaria. Para el béisbol latino, el homenaje también tuvo un valor adicional: coloca en un plano institucional a un hombre que abrió camino como dirigente en una liga donde ese reconocimiento ha sido históricamente limitado.

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