La rivalidad entre Fernando Alonso y Lewis Hamilton en McLaren durante 2007 todavía deja nuevos detalles casi dos décadas después. Peter Windsor, exingeniero de la escudería británica, aseguró que el piloto español pidió —e incluso exigió— que su compañero no pudiera consultar sus datos técnicos durante la temporada.
Según Windsor, Alonso temía que el acceso de Hamilton a la información de ambos monoplazas le proporcionara una ventaja decisiva en su duelo interno por el campeonato. “Fernando Alonso solicitó que no se permitiera a Hamilton acceder a sus datos”, explicó. El equipo, sin embargo, rechazó la petición y mantuvo el intercambio habitual de información entre los dos coches.

Una decisión técnica con consecuencias deportivas
Windsor sostiene que el argumento de Alonso era que no le habría importado renunciar también a los datos de Hamilton. El español consideraba que el conocimiento compartido beneficiaba especialmente al debutante británico, que podía comparar con precisión sus reglajes, trazadas y rendimiento. La dirección de McLaren no aceptó esa lectura: necesitaba que ambos coches fueran lo más competitivos posible y entendía los datos comunes como una herramienta para mejorar el rendimiento global.
La controversia se suma a una cadena de episodios que deterioraron la relación entre Alonso y el equipo. En Mónaco, el asturiano cuestionó la gestión de Ron Dennis después de que le comunicara que McLaren había frenado a Hamilton para evitar un adelantamiento que, en realidad, no parecía estar en condiciones de producirse. En Hungría, la tensión aumentó tras la clasificación, cuando Dennis recriminó a Alonso haber permanecido demasiado tiempo en boxes y perjudicado el segundo intento de Hamilton.
El episodio de los datos revela que el conflicto no se limitaba a decisiones puntuales en pista. También afectaba al control de la información, uno de los recursos más valiosos dentro de un equipo de Fórmula 1. McLaren optó por priorizar la velocidad conjunta, pero esa política no resolvió la desconfianza entre sus pilotos. Ferrari y Kimi Räikkönen terminaron aprovechando el desgaste interno para conquistar un campeonato que McLaren parecía tener al alcance.
