En Londres, Galán y Lebrón trasladaron su rivalidad a un terreno más controlado: el VAR. La novedad no fue solo técnica, sino competitiva, porque el recurso al árbitro de video funcionó como árbitro de paz en un partido cargado de protestas, revisiones y lecturas opuestas de cada punto.

La pareja española y su rivalidad con Lebrón encontraron en esa mediación una salida pragmática a los conflictos de saque, invasión o toque de bola. El partido, sin embargo, se decidió por rendimiento: Chingotto y Galán remontaron, vencieron por 7-6 y 6-3, y castigaron la falta de continuidad de Lebrón y Augsburger cuando parecían tener el control. El cierre confirma una lectura más amplia del torneo: en un cuadro cada vez más exigente, la estabilidad mental pesa tanto como el golpe ganador. Hoy, la final clásica enfrenta a Coello y Tapia con Chingotto y Galán, un duelo que devuelve el foco al límite superior del circuito.
