Pato O’Ward llegó al Gran Premio de Portland con la necesidad de recuperar terreno tras el parón de la IndyCar, pero el fin de semana terminó reforzando una tendencia incómoda para Arrow McLaren: la velocidad potencial no siempre se traduce en un resultado sólido cuando el margen de error se estrecha. El mexicano pasó de un viernes complicado a una clasificación adversa y, aunque logró remontar seis posiciones en carrera, cerró undécimo, fuera del top 10 y a más de 33 segundos del ganador.

Un viernes que condicionó todo
Las complicaciones comenzaron desde la primera práctica. O’Ward cometió un error en la entrada a la primera curva, golpeó el muro interior con el neumático delantero derecho y sufrió un trompo. El incidente obligó al equipo a reparar el auto número 5 y redujo el tiempo disponible para afinar la configuración, una desventaja relevante en Portland, donde la preparación de cada vuelta suele marcar diferencias desde el inicio del fin de semana.
Esa pérdida de tiempo se reflejó después en la clasificación. Arrow McLaren decidió apostar por un solo juego de neumáticos alternos en la primera ronda, convencido de que el registro del mexicano sería suficiente para avanzar. La estrategia no dio resultado: O’Ward quedó eliminado con el decimoséptimo mejor tiempo y firmó su peor posición de salida de la temporada. La decisión no solo lo perjudicó a él; Nolan Siegel también quedó fuera en el decimosexto puesto y Christian Lundgaard tuvo que partir último por inconvenientes técnicos, lo que dejó a los tres autos del equipo lejos de la pelea frontal.
Remontada limitada por el ritmo
En carrera, O’Ward evitó daños en la caótica primera vuelta y se instaló en una tarea de resistencia más que de ataque. Portland ofrece oportunidades de rebase, pero también penaliza los movimientos apresurados, especialmente en la chicana inicial, así que el mexicano optó por una gestión prudente del auto y de los neumáticos. A lo largo de sus tres detenciones en boxes completó las 110 vueltas, avanzó seis posiciones y mostró consistencia, pero nunca tuvo el ritmo necesario para acercarse al grupo que discutía los lugares de privilegio.
Su undécimo puesto tiene un valor relativo: rescatar 19 puntos desde una salida tan retrasada evita un golpe mayor al campeonato, aunque no modifica el diagnóstico general del fin de semana. Cuando un auto parte desde la mitad del pelotón y además carece de velocidad para aspirar a un tramo final agresivo, la remontada suele quedarse en un ejercicio de contención. Eso fue exactamente lo que ocurrió con O’Ward, que cruzó la meta a más de 33 segundos de la punta y quedó a una sola posición de entrar entre los diez mejores.
Palou capitalizó la estrategia
Mientras O’Ward luchaba en la zona media, la carrera en la punta se resolvió a partir de las decisiones estratégicas. Félix Rosenqvist encabezó el arranque con Álex Palou detrás, pero el español perdió el segundo lugar ante Marcus Ericsson en la cuarta vuelta. Chip Ganassi ajustó entonces su plan después de la primera bandera amarilla: Ericsson y Kyle Kirkwood pararon en la vuelta 25, Rosenqvist en la 32 y Palou esperó una vuelta más para aprovechar mejor la ventana.
Ese movimiento resultó decisivo. Con un cambio de neumáticos más tardío y una vuelta de salida muy fuerte, Palou regresó a la pista como líder virtual y tomó el control cuando sus rivales completaron sus detenciones. Desde ahí administró la ventaja con neumáticos alternos y pista libre, una combinación que le permitió construir una diferencia estable hasta la bandera a cuadros. El español lideró 60 vueltas y ganó por sexta vez en la temporada, con 4.1167 segundos de ventaja sobre Rosenqvist.
El contraste entre ambos extremos del clasificador resume la jornada de Portland: arriba, una lectura precisa de las ventanas de parada definió al ganador; en el pelotón intermedio, el error inicial, la clasificación comprometida y la falta de ritmo dejaron a O’Ward sin opciones reales de pelear más arriba. Para Arrow McLaren, el resultado obliga a revisar tanto la ejecución del viernes como la gestión táctica de una carrera en la que el equipo nunca logró convertir la recuperación en un salto competitivo.
