Wout Van Aert volvió a imponerse en Córdoba y transformó una jornada alterada por el calor en otra demostración de su amplitud competitiva. La etapa, recortada antes de la segunda jornada de descanso por las altas temperaturas, terminó en un esprint reducido en el que el belga fue el más fuerte después de responder a los ataques de Andreas Leknessund y Thibau Nys. No necesitó lanzador ni respaldo de equipo en el desenlace: controló, contraatacó y remató.
La victoria tiene un valor que supera el de una llegada aislada. Es la segunda de Van Aert en esta Vuelta, tras la conseguida en Loja, y le entrega además el maillot verde de la clasificación por puntos. A sus 32 años, el corredor del Visma-Lease a Bike mantiene una capacidad poco frecuente para competir con garantías en escenarios muy distintos: llegadas rápidas, finales en subida, fugas de largo alcance e incluso jornadas de montaña. Córdoba confirmó que, aunque ya no posee la misma explosividad para medirse con los velocistas más puros, sigue siendo uno de los corredores más completos del pelotón.

Una llegada reducida, no una victoria sencilla
La apariencia de normalidad del resultado oculta una carrera más exigente de lo habitual. El calor condicionó el recorrido y también elevó el desgaste de un pelotón que tuvo que administrar esfuerzos en una etapa ya de por sí incómoda. En los últimos kilómetros, la vigilancia sobre los ataques fue decisiva. Nys movió la carrera desde lejos y Leknessund también buscó sorprender, obligando a Van Aert a gastar energía antes del esprint. El belga no esperó a que otros resolvieran el problema: asumió el control cuando era necesario y conservó la lucidez para la aceleración final.
Ese manejo del esfuerzo explica buena parte de su vigencia. Van Aert no ganó porque la etapa se hubiera simplificado con el recorte, sino porque interpretó mejor una secuencia cambiante: ataques que amenazaban con romper el grupo, rivales con perfiles diferentes y una llegada en la que la posición previa resultaba tan importante como la potencia. Enric Mas, líder de la general, resumió la lectura del pelotón al admitir que habría vencido el mismo corredor incluso con un recorrido normal. La frase no elimina la influencia del calor, pero sí sitúa el resultado en la jerarquía deportiva del día.
El verde como objetivo pendiente
El maillot verde añade una dimensión especialmente significativa a esta victoria. Van Aert ya había orientado su participación de 2024 hacia esa clasificación, pero una caída camino de los Lagos de Covadonga truncó su carrera cuando lideraba tanto la tabla por puntos como la montaña. Abandonó con dos jerseys que reflejaban su capacidad para sumar en terrenos contrapuestos. Esta vez, el objetivo regresa con una base más sólida: dos triunfos parciales y una estrategia que puede aprovechar su regularidad en etapas sinuosas, donde los esprinters puros suelen perder opciones.
La Vuelta ofrece un terreno favorable para ese planteamiento, aunque el propio corredor rechaza considerarla una vía fácil. Las etapas llanas españolas rara vez son completamente planas y el desnivel castiga a los equipos que desean controlar una llegada masiva. Además, la posibilidad de que una fuga llegue con éxito obliga a los aspirantes al verde a puntuar de maneras diversas, no solo mediante victorias. Van Aert posee precisamente esa versatilidad: puede disputar bonificaciones en grupos reducidos, sobrevivir a cotas que excluyen a otros velocistas y entrar en escapadas con posibilidades reales de triunfo.
Una rivalidad que forjó su ambición
Su perfil competitivo se construyó mucho antes de las grandes vueltas. La rivalidad juvenil con Mathieu van der Poel, primero en el ciclocross y después en la carretera, acostumbró a Van Aert a carreras en las que no bastaba con una cualidad dominante. Había que resistir, improvisar y responder a corredores capaces de atacar en cualquier momento. Esa escuela sigue visible en sus mejores días: no es únicamente un finalizador, sino un ciclista que entiende cómo modificar el desarrollo de una prueba.
El precedente más expresivo permanece en la última etapa del Tour del año pasado. El paso por Montmartre debía endurecer un cierre tradicionalmente ceremonial y reforzar el dominio de Tadej Pogacar. Van Aert, sin embargo, logró vencer allí al esloveno, uno de los pocos episodios recientes en que un corredor consiguió imponerle su dorsal en un contexto de máxima exigencia. Córdoba no tuvo aquella dimensión simbólica, pero recuperó el mismo rasgo: la disposición del belga a competir por victorias incluso cuando el contexto parece favorecer a especialistas distintos.
El calor abre un debate que seguirá en carrera
La jornada también deja una cuestión que irá más allá del palmarés de Van Aert. La previsión de temperaturas elevadas mantiene abierta la posibilidad de nuevos recortes en las etapas de Palos de la Frontera y Sevilla. La contrarreloj y las jornadas de montaña posteriores parecen menos expuestas a esa medida, pero el calendario obliga ya a equipos y corredores a preparar la carrera bajo un criterio adicional: no solo importa dónde atacar o proteger a un líder, sino cuánto riesgo físico admite cada recorrido.
Enric Mas, como uno de los representantes previstos por la Asociación de Ciclistas Profesionales, debía participar en el diálogo con la organización sobre estas cuestiones. Su condición de líder, sin embargo, le ha apartado de las negociaciones por decisión del equipo, una cautela razonable para evitar que cualquier acuerdo se interprete como una medida interesada. El episodio ilustra una tensión creciente en el ciclismo: las decisiones de seguridad exigen representación de los corredores, pero esa representación debe preservar la confianza de un pelotón con intereses deportivos muy diversos.
Mas llega al descanso vestido de rojo; Van Aert, de verde y con cinco victorias de etapa en dos participaciones en la Vuelta. El belga se marcha además con un recuerdo renovado de Córdoba, donde ya había ganado dos años antes en otro día sofocante. Su deseo de volver con temperaturas más benignas es también una advertencia discreta: el calor puede modificar recorridos y estrategias, pero no basta por sí solo para explicar quién gana. En esta Vuelta, Van Aert está demostrando que la regularidad, la lectura de carrera y la ambición siguen pesando más que las circunstancias.
